Para los antiguos, realidad, ser, significaba cosa; para los modernos, ser significaba "intimidad", "subjetividad". Para nosotros, ser significa vivir y por tanto, intimidad consigo y con las cosas...Refresquemos, en pocas palabras, la ruta que nos ha conducido hasta topar con el "vivir" como dato radical, como realidad primordial.
La existencia de las cosas como existencia independiente de mí es problemática, por consiguiente, abandonamos la tesis realista, para los que realidad significaba "cosa". Es, en cambio, indudable que yo pienso las cosas, que existe mi pensamiento y que, por tanto, la existencia de las cosas es dependiente de mí; esta es la primera parte de la tesis idealista que aceptamos. Ahora bien, cuando el idealismo afirma que las cosas dependen de mí, son pensamientos en el sentido de que son contenidos de mi conciencia, estados de mi yo, no aceptamos esta segunda parte del idealismo. Y no lo aceptamos, porque el modo de dependencia entre el pensar y sus objetivos no puede ser, como pretendía el idealismo, un tenerlos en mí, ante mí. Al revés, yo me doy cuenta de que pienso cuando, por ejemplo, me doy cuenta de que veo o pienso un estrella; y entonces de lo que me doy cuenta es de que existen dos cosas distintas, aunque unidas la una a la otra.
Por tanto: la verdad radical es la coexistencia de mí con el mundo. Existir es primordialmente coexistir.
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