domingo, 1 de septiembre de 2013

Libro del mes (Agosto 2013): Retorno al pudor.



La autora del libro es la norteamericana Wendy Shalit, doctora en Filosofía. En este libro defiende el sentido de la vergüenza, la privacidad, la caballerosidad y la importancia de la reticencia sexual y propone una vuelta al pudor.

Veamos un fragmento de este libro:

"Mientras tanto, muchas mujeres que han tenido amplia experiencia en relaciones sexuales sin compromiso devoran las obras dramáticas del siglo diecinueve -en el cine, en el PBS, en cualquier sitio donde puedan echar mano de obras de Jane  Austen y disfrutar con personajes como Emma o Elisabeth Bennet- con una seriedad cuasi religiosa que sería cómica si no fuera tan dolorosa de contemplar. Aunque recono­zcamos entre nosotras que tenemos ilusiones románticas, no nos  atrevemos a hacerlo en público por miedo a que se piense  que estamos «desequilibradas». 
Pero, podrías preguntarme, ¿por qué debería importamos todo esto, y por qué vamos a metemos donde nadie nos llama? 
La respuesta es que la sociedad moderna ha arrebatado a las mujeres  jóvenes la principal arma de que disponían para pro­teger sus esperanzas, y ahora es necesario dar la cara para pedir que sea devuelta. 

El pudor de la mujer no es una manera artificial de «reducir el propio atractivo», ni es, como dice G.F. Schueler, una simmple falta de atracción por los «bañadores exiguos». Es mucho más que todo eso. El pudor es un reflejo que se despierta de manera natural para ayudar a la mujer a proteger sus ilusiones y guiarla hasta su plenitud, y en concreto la ilusión de que solamente haya un hombre en su vida. No  hace falta recurrir al estudio de Buss y Schmitt sobre el sexo para saber que la mayoría de las mujeres preferirían tener en su vida un solo hombre que sea fiel, con todos sus defectos, en vez de una sucesión de hombres que las abandonan. Lógicamente, con esta esperanza viene una cierta vulnerabilidad, porque de alguna manera, cada vez que un hombre se muestra inconstante nues­tras esperanzas se ven frustradas. Ahí es donde encaja el pudor. Porque es el pudor el que protege esta especial vulnerabilidad con el objetivo de poner a la mujer en las mismas condiciones que el hombre. El retraso que introduce el pudor en las rela­ciones entre hombre y mujer no solo hace que sea más proba­ble que las mujeres puedan elegir hombres que les sean fieles, sino que, al convertir la atracción sexual en amor, transforma a los hombres de machos sin civilizar -que buscan tantas pa­rejas sexuales como sea posible- en hombres que realmente desean ser fieles a una sola mujer. 

Para empezar a comprender la relación que hay entre el pu­dor, la vulnerabilidad sexual y las secretas y más altas esperan­zas de la mujer, basta echar un vistazo a un número de 1997 de Cosmopolitan (el de abril), donde encontramos una carta bastante extraña: 
Te copio más abajo una carta de amor genérica, donde hay algunos huecos para que tu chico los rellene. Haz cien copias de la carta y se las entregas. Pidele que te envíe una a la semana. Para que le resulte más sencillo, pásale también los sobres con la direc­ción y el sello ya puestos. «Queridísima        te echo muchí­simo de menos. Tú------  es como el aire que respiro. Sin él creo que me moriría. Tu preciosa------  me hace---------cada vez que te---------- No sé que haría si me dejaras. Quizá me-------- en un------ con---------------- Pero ningún sufrimiento que pudiera padecer es comparable con una vida sin ti, 
mi queridísima---------- Te quiere siempre, .» 

Así que hemos tenido que llegar a esto, ¿eh? ¡Y hay que ha­cer cien copias, nada menos! Ya se ve que la esperanza es lo último que se pierde ... Pero, querido director de la revista, ¿no decías que daba igual si no te querían? Justo un año antes po­día leerse en la misma revista: «¿Quién dice que no se puede disfrutar del sexo sin compromiso? No dejes que te laven el cerebro con esas nuevas modas ultraconservadoras: Por supuesto­ que puedes acostarte con alguien simplemente para pa­sar un buen rato. ¿Igual que los hombres? ¡Exactamente!»  
Y,sin embargo, en ese mismo número de Cosmo, unas pági­nas después, nos encontrábamos con «Lucy» que confesaba en tono lloroso que «necesito que mi novio me asegure constan­temente que me quiere y que me desea de verdad. Significa mucho para mí que esté dispuesto a hacer esto, aunque ima­gino que debe estar un poco cansado de consolarme. 
Quizá es que, a pesar de todo, todavía nos importa que nos quieran, pero corno todavía no tenemos una forma de hacer que este anhelo se concrete, todo lo que nos queda es una espe­ranza un tanto desesperada de recibir esa carta de amor que nunca nos enviaron, y de ahí que tengamos que conformamos con una carta-formulario y todos esos huecos miserables y sin sentido. A lo mejor por eso nos resistimos a aceptar "Las reglas", aquel libro de hace unos años que garantizaba a la lectora que el hombre que le gustaba se casaría con ella si cumplía -hacía o dejaba de hacer- todo lo que se indicaba en él. Muchas mujeres se compraron el libro, pero la mayoría se quedaron decepcionadas e incómodas, sin saber muy bien por qué, al leerlo. Algunas incluso se enfadaron. Me parece que es una buena cosa que nos hayamos resistido a esas reglas de actua­ción, aunque nos dijeran que «funcionaban», porque es un poco deprimente que hayamos tenido que llegar a esto. La realidad es que somos seres humanos, tenemos sentimientos y también dignidad. No somos ordenadores que rellenan hue­cos en los formularios y que siguen protocolos de comporta­miento. Estamos aquí para algo más que eso, algo más alto. 
El pudor es capaz de rellenar los huecos. No responde al vulgar cómo de la feminidad, sino al bellísimo por qué". 

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