Con el fin de que los alumnos se inicien en algún ensayo de Santo Tomás, hemos elegido este fragmento sobre la libre elección.
“ Del mismo modo que en las otras cosas de la
naturaleza, encontramos en el hombre un principio de sus actos. Este principio
activo en el hombre es la inteligencia y la voluntad. Este principio
"humano" se asemeja parcialmente, como también difiere en parte, a
aquel que encontramos en las cosas. Se parece en el sentido de que, de una
parte y de otra, tenemos una forma, que es el principio del obrar, y una
inclinación o un apetito, consecutivo a esta forma: apetito del que deriva la
acción exterior. El hombre, en efecto, obra por inteligencia. La diferencia
consiste en esto: la forma que constituye las realidades de la naturaleza está
individualizada por la materia; la inclinación que se deriva está, como
consecuencia, estrictamente determinada a una sola posibilidad. La forma
intelectual, por el contrario, en razón de su universalidad, es susceptible de
englobar a una multitud de posibilidades. Por eso, como los actos se realizan
siempre sobre una materia singular, jamás adecuada a la potencia de lo universal,
la inclinación de la voluntad no está determinada. Se beneficia de un margen de
indeterminación respecto a los múltiples singulares. El arquitecto, por
ejemplo, que conciba el plano de una casa en lo universal, puede, a su gusto,
darle la forma que quiera: cuadrada, redonda, etcétera. Todas estas figuras se
ordenan bajo lo universal a título de determinaciones particulares. El animal
(que es menos determinado que la piedra) se encuentra en una posición
intermedia entre el hombre y la cosa. Pero las formas de su percepción
permanecen individuales. En consecuencia, la inclinación, pese a la variedad de
"lo sensible" que la condiciona, está siempre determinada por lo
singular (…)
¿Cómo se decide, pues, la voluntad concretamente? Se
pueden analizar tres casos. A veces la decisión dependerá del "peso"
de tal o cual condición del objeto, en tanto que valorada por la inteligencia.
La decisión será en tal caso racional; por ejemplo, si yo considero tal cosa
útil para mi salud o, al menos, lo es para mi actividad voluntaria. Otras veces
una ocasión, venga del interior o del exterior, hará que me apoye sobre una
circunstancia del objeto y que deje el resto en la sombra. Finalmente, la
decisión puede tener su origen en una disposición interna. El hombre colérico y
el hombre sabio deciden de muy diferente manera; el enfermo no ve la comida del
mismo modo que el sano. Como dice el filósofo: a tal disposición, tal fin”
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