sábado, 27 de febrero de 2010

Libro del mes(marzo 2010). Guía políticamente incorrecta de la civilización occidental.



Este libro ha sido escrito por dos autores: Anthony Esolen, catedrático de Literatura en el Providence College y editor de la revista Touchstone. Es uno de los profesores que dirigen el Centro para el desarrollo de la civilización occidental del Providence College.
El otro autor es José Javier Esparza, periodista que dirige el programa "La Estrella polar" en la cadena Cope. Ha publicado, entre otros, los ensayos "Curso general de disidencia" "El dolor y la muerte", "El final de los tiempos........
El libro expone todo lo que es necesario saber sobre la tradición occidental, pero que el pensamiento políticamente correcto intenta ocultar. Veamos el prólogo:
"El cristianismo, el judaísmo, la tradición occidental, la moral, la familia o, en definitiva, la tradición, son las bestias negras de nuestros tiempos, los anatemas de las élites. Son ideas que hoy se han convertido, lamentablemente, en los pilares de lo políticamente incorrecto. En su conjunto constituyen la «civilización occidental».
Lo políticamente correcto, en su esencia, es el intento por disolver los fundamentos sobre los que la cultura occidental fue construida. Es un proyecto. de demolición: socavar la convalezcan occidental para construir sobre sus ruinas un «mundo feliz».
El multiculturalismo no tiene nada que ver con el amor sincero por otras culturas, como los musulmanes, los aborígenes australianos o los monjes del Tíbet, sino que es un esfuerzo por ir eliminando nuestras propias tradiciones culturales. La secularización radical -en nombre de la «separación de Iglesia y Estados- tiene como meta incinerar nuestras raíces religiosas. La educación estatal busca robarnos nuestra herencia cultural esparciendo mentiras acerca de nuestro pasado (como que la Edad Media fue una época miserable, que los antiguos eran unos papanatas o que la Iglesia es opresiva). Las tergiversaciones acerca de la Edad Media, la Ilustración y los últimos doscientos años sirven para crear la ilusión de un proceso invariable que sólo es posible si se abandona la tradición. Éste es el mito central que justifica la constante eliminación de nuestras tradiciones religiosas, intelectuales y morales.
Una vez desconectada nuestra cultura de Atenas, Roma y Jerusalén -una vez olvidados o ignorados Moisés, Platón y Jesucristo-, las tropas de lo políticamente correcto esperan poder llevar el barco de la cultura a nuevos puertos.
Debido a que lo políticamente correcto es un proyecto nihilista, su mensaje no siempre ha sido coherente. Shakespeare es a veces un reaccionario, a veces un homosexual que no salió del armario. Jesucristo es un hippie comprensivo o un predicador del odio. Pero algo sí ha tenido consistencia: todo lo que huela a Occidente es políticamente incorrecto y, por lo tanto, debe ser rechazado y condenado.
Para los que amamos nuestro mundo, ésta es una batalla desalentadora. Ellos tienen de su lado a los medios de comunicación, a las grandes universidades, las clases políticas y mucho más dinero. Afortunadamente, nosotros contamos con miles de años de historia y con poderosas armas: nombres como Aristóteles, San Agustín, Santa Teresa, Cervantes, Burke y Eliot.
Las ideas que hoy se ofrecen como revolucionarias e ilustradas no son nuevas. Durante miles de años, los grandes intelectos occidentales han estado luchando contra el relativismo, el ateísmo, el materialismo y la adoración de la política. Las grandes ideas sabrán resistir los embates tramados por el Ministerio de Igualdad de turno".

jueves, 25 de febrero de 2010

2º Trimestre: Aristóteles y su obra: Política, I, 2.

“Es evidente, pues, que la ciudad es por naturaleza y anterior al individuo, porque si el individuo separado no se basta a sí mismo será semejante a las demás partes en relación al todo, y el que no puede vivir en sociedad, o no necesita nada por su propia suficiencia, no es miembro de la ciudad, sino una bestia o un dios.
Es natural en todos la tendencia a una comunidad tal, pero el primero que lo estableció fue causa de los mayores bienes; porque así como el hombre perfecto es el mejor de los animales, apartado de la ley y la justicia es el peor de todos: la peor injusticia es la que tiene armas, y el hombre está naturalmente dotado de armas para servir a la prudencia y la virtud, pero puede usarlas para las cosas más opuestas. Por eso, sin virtud, es el más impío y salvaje de los animales, y el más lascivo y glotón. La justicia, en cambio, es cosa de la ciudad, ya que la Justicia es el orden de la comunidad civil, y consiste en el discernimiento de lo que es justo”

lunes, 25 de enero de 2010

Libro del mes (Febrero 2010):"Derechos humanos depredados". Trabajo 4ª Evaluación


El libro que publicamos ha sido escrito por la profesora de Política Internacional de la Universidad de Oslo, Janne Haaland Matlary. Janne intenta reflexionar sobre la situación de los derechos humanos hoy, en un mundo relativista y positivista. Veamos algún fragmento:

"¿Hay algo común en la sociedad en la que lo individual tiene sólo un interés privado? El liberalismo extremo de la tradición utilitarista en Inglaterra así lo pensó: su único principio era que una persona puede hacer lo que quiera siempre y cuando no haga daño a otra. La esfera común de la sociedad era sólo aquello en lo que el individuo no podía manejarse solo: política y defensa.
Aunque este modelo de política puede ser viable, no implica en sí mismo una comunidad. Considera la esfera política como un asunto de negocios. Si la perspectiva del hombre es auto-referencial -es decir, que el modelo de medida de todas las cosas reside en lo individual-, es difícil encontrar un alcance para el significado tradicional de política y de ley. Lo «político» significa aquello que atañe a la polis, es decir, la comunidad política. Atañe a lo común.
Esta es la perspectiva clásica aristotélica sobre la política, que ofrece algo muy diferente de la actual idea del hombre como auto-referencial:
Con esto aprendemos que la naturaleza humana es algo muy específico y que la política es la actividad humana práctica más elevada, que el ser humano es infeliz a no ser que contribuya al bien común de la sociedad y, lo que es aún más sorprendente, que el ser humano puede discernir lo bueno de lo malo, lo que está bien de lo que está mal.
El hombre no es sólo un «animal» racional capaz de comunicarse a través del lenguaje y capaz de razonar, como

leemos en el Libro 1 de Política, sino que es el único animal capaz de elaborar argumentos morales. Los animales pueden comunicarse, pero son incapaces de razonar y no tiene sentido moral: «el hombre es el único animal al que la naturaleza ha otorgado el habla ... y aunque la voz no es más que un indicativo de placer y de dolor, el poder discursivo se dirige a establecer lo que es justo e injusto. Y el sentido del bien y el mal, de lo justo y lo injusto, es un rasgo exclusivo del hombre» (Política, Libro 1).
El ser humano puede llegar, mediante la razón, a saber qué es justo y qué es injusto, y este es un rasgo que lo define como ser humano. Qué gran diferencia existe entre esta afirmación y la idea comúnmente asumida hoy de que no hay verdades morales y de que, aunque existieran, la razón no podría llegar a ellas. Y sin embargo, como veremos, los pensadores políticos que forjaron las leyes y la democracia europeas no sólo asumieron esto, sino que también llegaron, mediante la razón, a lo justo y lo injusto.
Además, el hombre es un animal social, dice Aristóteles, lo que significa que sólo puede realizarse plenamente como ser humano en sociedad, como en la esfera política, por ejemplo. Esto sorprende al hombre auto-referencial: ¿acaso sólo puedo ser plenamente humano, sólo puedo estar completo como ser social?
Es muy interesante la teleología de la filosofía de la antigüedad, porque hemos olvidado qué implica la teleología. Su significado es ciencia del «telos», de la finalidad o propósito de algo, de una persona, de una institución. Finalidad es otro término para significado: tras la creación hay un significado, que podemos descubrir. También significa que hay un ordo, una conexión entre las partes, en la propia vida.
Este sentido de lo metafísico, del orden de las cosas que existieron independientes y antes de que nosotros la conociéramos y las percibiéramos; a mi entender, es muy importante en el universo relativista de hoy. Asumimos la posibilidad de una metafísica como «esencialismo», pero sin darnos cuenta de que el sistema de gobierno occidental está basado en su existencia. La idea de ley como universalmente válida, como conjunto de principios generales sobre lo que está bien y lo que está mal, es un ejemplo de ello. Si la ley puede ser diferente para cada uno, entonces no es ley.
Por tanto, cuando debatimos hoy sobre la democracia europea, creo que debemos tratar de la cuestión fundamental, la de qué es el ser humano -llamada antropología-o ¿Asumimos que el ser humano es sólo un actor interesado en sí mismo? ¿Vive el ser humano para su sola satisfacción? ¿O hay algo más, aparte de este hombre auto-referencial, la capacidad para pensar políticamente, siguiendo unas líneas principales, en algo llamado «bien común»?
Aunque aceptemos la perspectiva auto-referencial, existe cierta confusión: ¿cómo podemos discutir sobre el bien y el mal si no hay un principio de justicia que conocer? ¿Cómo podemos decir que algo es justo o injusto? Es evidente que no nos limitamos a pronunciar estos términos, sino que con ellos aludimos a algo que describimos como justo o injusto. Esto se ve claramente cuando ponemos a prueba nuestro lenguaje: ¿puedo decir «es injusto tener un barco»? Sí, puedo decido, pero no tiene sentido. ¿Puedo decir «es injusto tener esclavos»? Sí, puedo decirlo, y además tiene sentido. Hay quien puede no estar de acuerdo, pero tiene sentido.
Esta última afirmación es a lo que Aristóteles se refiere cuando dice que el ser humano es capaz de razonar política y legalmente; es decir, sobre el bien y el mal como princiPios, es decir, como términos universales. Si es injusto tener un barco, es injusto tout court, para todos. Es una aserción bastante tonta. Pero si es injusto tener esclavos, no lo es sólo en Europa, sino también en África. El universalismo de un argumento moral es un axioma: la justicia es generalmente justa, o no justa. Pero las preferencias privadas son sólo expresiones de un gusto subjetivo, nada más. A mí me gustan los barcos, y a ti no. El lenguaje de lo moral no tiene relación con gustos particulares, y por tanto estos no son relevantes para la esfera política.
La idea de justicia se asienta en el ser humano como un principio que puede descubrir mediante la razón, tal como he ejemplificado antes. Vemos de forma inmediata que el ejemplo del barco no tiene sentido, pero que el ejemplo de la esclavitud sí lo tiene, por mucho que no estemos de acuerdo con él.
Esta «prueba de lenguaje» es muy útil, porque nos permite definir lo político como distinto del interés personal. Los términos fundamentales del debate indican si estamos tratando de un asunto que nos concierne a todos -es decir, a la sociedad o a la polis- o de un asunto meramente privado, de nuestro interés subjetivo. Los intereses del hombre auto-referencial parecerían pertenecer, entonces, al ámbito privado en su totalidad, ya que aquí se niega que haya principios sobre los que razonar. Esto menosprecia la altura moral de la política:
Según Aristóteles, «Las verdaderas formas de gobierno son aquellas en las que un individuo gobierna con la idea del bien común; los gobiernos que se rigen por la idea de su interés privado ... son perversiones» (Libro Il).
Así, entre lo político y lo privado no sólo hay una diferencia, sino que ésta, además, es moral, no funcional. Esta afirmación puede parecerle extremadamente extraña al hombre auto-referencial. Pero este es el argumento:
El «telos» de Aristóteles descansa bajo su metafísica y su antropología. La política no es sólo el lugar en el que añadimos intereses privados, como decidir tener un cuerpo de policía común en lugar de guardaespaldas, porque es más económico; la política es también moral, y en este sentido es diferente al interés personal. «Todo estado es una comunidad de algún tipo, y toda comunidad se establece con la idea del bien ... el estado, que es la comunidad más elevada de todas, y que incluye a las demás, tiende al bien en mayor grado que cualquier otra, y al mayor bien (Libro 1).
El ciudadano está equipado con la capacidad de razonar sobre justicia, y este tipo de razonamiento es legal o político, lo cual contrasta con el razonamiento privado, que no concierne al bien común de toda la sociedad. Además, el ciudadano debe ser educado en la virtud pública, que es la capacidad de pensar en el bien de todos, no sólo en su propio y personal interés. De nuevo, Aristóteles resalta las cualidades morales de lo propiamente político: «la sociedad política existe por las nobles acciones; (para) la ciencia política, lo bueno (lo que buscamos) es la justicia, en otras palabras, el interés común».
La influencia de la filosofía política de Platón y Aristóteles fue decisiva para Europa. Santo Tomás de Aquino transmitió estos conocimientos y los desarrolló en su propio sistema filosófico, que a su vez ejerció una influencia clave a lo largo de los siglos. Cuando Maquiavelo señaló el final de una idea cristiana del mundo en Europa, dejó su idea de política. Lo mismo podemos decir del advenimiento del sistema de estados de Westfalia a partir de 1648 y del desarrollo del positivismo en las interpretaciones de la ley. Pero el debilitamiento de las ideas sobre ley natural, en la tradición de Aristóteles y santo Tomás, sigue siendo una alternativa y un adversario.
Aquí, la importancia de la tradición aristotélica no es histórica, sino fundamental y contemporánea al tema de este libro: Sólo si se entiende la idea de naturaleza humana podrá tener sentido la idea de derechos humanos. Por el contrario, tales derechos son sólo reflexiones de una voluntad mayoritaria o de algún proceso político. En ese caso, entonces, ¿cómo pueden ser «inherentes e inalienables»?".

lunes, 18 de enero de 2010

2º Trimestre. Aristóteles y su obra: "Moral a Nicómaco". Libro II,4

Se podría preguntar cómo decimos que los hombres tienen que hacerse justos practicando la justicia y morigerados practicando la templanza, puesto que si practican la justicia y la templanza son ya justos y morigerados, lo mismo que si practican la gramática y la música son gramáticos y músicos. ¿O es que ni siquiera ocurre así con las artes? Es posible, en efecto, hacer algo gramatical o por casualidad o por indicación de otro; por tanto, uno será gramático si hace algo gramatical y gramaticalmente, es decir, de acuerdo con la gramática que él mismo posee. Además, tampoco son semejantes el caso de las artes y el de las virtudes; en efecto, los productos de las artes tienen en sí mismos su bien; basta, pues, que reúnan ciertas condiciones; en cambio, las acciones de acuerdo con las virtudes no están hechas justa o morigeradamente si ellas mismas son de cierta manera, sino si también el que las hace reúne ciertas condiciones al hacerlas: en primer lugar, si las hace con conocimiento; después, eligiéndolas, y eligiéndolas por ellas mismas; y en tercer lugar, si las hace en una actitud firme e inconmovible. Estas condiciones no cuentan para la posesión de las demás artes, excepto el conocimiento mismo; en cambio, para la de las virtudes el conocimiento tiene poca o ninguna importancia, mientras que las demás no la tienen pequeña, sino total, ya que son precisamente las que resultan de realizar muchas veces actos justos y morigerados.
Por tanto, las acciones se llaman justas y morigeradas cuando son tales que podría hacerlas el hombre justo o morigerado; y es justo y morigerado no el que las hace, sino el que las hace como las hacen los justos y morigerados. Con razón se dice, pues, que realizando acciones justas se hace uno justo, y con acciones morigeradas, morigerado. Y sin hacerlas ninguno tiene la menor probabilidad de llegar a ser bueno. Pero los más no practican estas cosa, sino que se refugian en la teoría y creen filosofar y poder llegar así a ser hombres cabales; se comportan de un modo parecido a los enfermos que escuchan atentamente a los médicos y no hacen nada de lo que les prescriben. Y así, lo mismo que éstos no sanarán del cuerpo con tal tratamiento, tampoco aquéllos sanarán del alma con tal filosofía.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Libro del mes (enero 2010): La revolución francesa. Autor: Pierre Gaxotte


Pierre Gaxotte (1895-1982), historiador, columnista durante cuarenta años en el periódico "Le Figaro" y miembro de la Academia Francesa, se dedicó a estudiar el Antiguo Régimen y la Revolución francesa. Este libro que comentamos lo escribió en 1928 y fue calificado de libro-bomba por su fuerza para demoler el mito de la revolución francesa.
Para nosotros, estudiantes de filosofía, es una invitación a la reflexión sobre las revoluciones, la lucha por el poder y el final de muchas de ellas como una utopía de sangre y matanzas. Veamos algún fragmento de dicha obra:

"en dos comités de doce miembros reelegidos mensualmente: el Comité de Salud pública, para todo lo que concierne a la guerra, la diplomacia, las subsistencias, las leyes revolucionarias: el Comité de Seguridad general, para la policía y la justicia. El detalle de la administración queda abandonado a los ministros; más tarde, después de su supresión, a simples comisiones ejecutivas enlazadas con el Comité de Salud pública. Para asegurar por completo la unidad de la República, la Convención envía a los departamentos y a los ejércitos algunos de sus miembros que, bajo la denominación de «representantes comisionados», están encargados de pulsar el espíritu público, de inspeccionar la conducta de los generales y de depurar e inspirar los poderes locales. Los representantes se comunican con la Convención por intermedio del Comité de Salud pública, que tiene derecho a destituirlos. A los procuradores electos de los distritos y de los ayuntamientos se los reemplaza por agentes nombrados por la Convención y responsables ante ella. Se suprimen los procuradores-síndicos de los departamentos y se deja en suspenso la renovación de los ayuntamientos (4 de diciembre).
El EstadoComunista es ahora agricultor, tendero, sastre, armador e industrial y no puede contentarse con las modestas administraciones de antes. A los seis ministerios se añaden veinte servicios nuevos, de donde salen otros cien. Hay comisarios de bienes nacionales del primer origen (bienes eclesiásticos), comisarios de bienes.nacionales del segundo origen (bienes de los emigrados),comisarios de requisa de caballos de lujo, comisarios de vestuario, comisarios de acaparamientos, comisarios de la cosecha y de la fabricación del salitre, comisarios_del censo, del catastro, y de las requisas, comisarios de estadística, de subsistencias, de transportes, una agencia de comercio exterior, misiones de compra en el extranjero, recaudadores de impuestos

revolucionarios sobre los ricos, una policía inmensa, un ejército de observadores, de guardianes de precintos, de vigilantes sospechosos,de gendarmes, de carceleros, y en fin, un ejército revolucionario destinado a apoyar las requisas: tres mil infantes y mil doscientos artilleros sólo para la región de París.

- 26 de febrero (8 ventoso), Saint-just proclamaba en la Convención la necesidad de terminar la revolución social por medio de una nueva distribución de la riqueza".



EL TERROR COMUNISTA

"La opulencia está en manos de un gran número de enemigos de la Revolución; las necesidades ponen al pueblo bajo la dependencia de sus enemigos. ¿Se concibe que pueda existir un imperio, si las relaciones civiles vienen a parar a manos de los que son contrarios a la forma de gobierno? Los que hacen la revolución a medias no hacen más que cavarse una tumba ( ... ). Los bienes de los conspiradores están ahí para los desgraciados. Los desheredados son las potencias de la tierra".
"Inmediatamente la Convención decreta que los bienes de las personas enemigas de la República sean confiscados y distribuidos entre los patriotas indigentes». El l3 de marzo un nuevo decreto ordena, el establecimiento inmediato de dos listas complementarias de los sospechosos que han de ser expropiados y la de los sans culotte que han de ocupar su lugar. .
.
«Personas enemigas de la República»: la calificación era bastante vaga; cierto es que existía la ley del 17 de septiembre que reputaba sospechosos no sólo a los ex nobles y a los parientes de emigrados, sino también a todos aquellos que por sus palabras, sus acciones o su abstención, se habían mostrado enemigos de la libertad. Esto no era suficiente, el 13 de marzo se declaraba traidores a la patria y merecedores de la muerte a todos los que hubieran excitado inquietudes respecto a las subsistencias, tratado de corromper el espíritu público o preparado un cambio en la forma de gobierno. El 16 de abril, un decreto condenaba a ser enviado a la Guayana a todo individuo que, viviendo sin trabajar, estuviese convicto de haberse quejado del régimen.
En fin, el 10 de junio la famosa ley de prairial formalizaba la lista completa de los crímenes castigados con la confiscación y con la pena capital. Como dice un sabio profesor: «la emoción fue muy viva»; había motivos.para ello: la lista era tan grande que todos los franceses podían considerarse prometidos a la guillotina.
Son en efecto, considerados como enemigos del pueblo y condenados al cadalso los que hayan tratado de envilecer y disolver la convención nacional el gobierno revolucionario' (por lo tanto, los monárquicos y los moderados); los que hayan tratado de impedir los
aprovisionamientos, (por lo tanto, los agricultores y los comerciantes remisos a las expropiaciones, los obreros opuestos al máximum de los salarios; los que hayan perseguido y calumniado a los patriotas (todos los enemigos de los jacobinos)los que hayan difundido noticias falsas(las comadres) los que hayan tratado de extraviar la opinión o de inspirar desaliento (todos los descontentos)".

sábado, 28 de noviembre de 2009

Libro del mes (Diciembre 2009) "El fin del bienestar"

Este libro de Josep Miró I Ardévol-ingeniero agrícola y diplomado en Ordenación del territorio y director del Instituto de Estudios del Capital Social de la Universidad Abat-Oliba CEU, advierte de los peligros de acabar con la sociedad del bienestar que disfrutamos y propone las soluciones-algunas políticamente incorrectas- para remontar el vuelo y mantener los avances sociales.
Veamos un fragmento del mismo:
Las raíces profundas de la Gran Ruptura
Son fáciles de resumir porque se concentran en dos cuestiones:
El olvido de la relación entre antropología y economía y la im­plosión demográfica. Tras los graves problemas que comporta la destrucción de las instituciones insustituibles socialmente valio­sas, está el olvido de una evidencia absoluta, contundente: la economía es una antropología. En la raíz constitutiva de toda persona radica el hecho antropológico fundamental para todo el sistema de vínculos estructuradores de la sociedad, y que carac­teriza la condición humana, definida por la dualidad comple­mentaria de la existencia de dos sexos. La humanidad se divide estructuralmente en hombres y mujeres, y la sociedad está for­mada por las instituciones que configuran sus relaciones: el pa­rentesco en un sentido amplio, surgido de la complementariedad hombre-mujer. Ésta es la realidad antropológica, la estructura, base del sistema económico, generador de un elevado nivel de prosperidad y bienestar.


Obviamente, como con todo hecho no ya humano sino sim­plemente biótico, hay casos singulares, excepciones a la regla. Conductas que presentan variaciones, con la complementariedad de los dos sexos. Una de ellas es la inexistencia de interés hacia el otro sexo. Otras formas de conducta sexual son el impulso hacia las personas del mismo sexo -la homosexualidad- hacia los dos sexos indistintamente -la bisexualidad- y el desajuste entre el carácter sexual y la autoidentificación sexual-la transe­xualidad-, entre las más relevantes. Esta tipología de conductas es numéricamente marginal; todas juntas, incluida la homose­xualidad efectiva, difícilmente llegan a14 % de la población. Es­tas pulsiones no agotan las manifestaciones en este ámbito. Pue­den citarse otras, como por ejemplo la atracción sexual hacia los menores -la pedofilia-, la ansiedad sexual irrefrenable, o de­terminadas formas de relación como el S/M, con un peso cre­ciente en el mercado de las relaciones sexuales. Todas estas manifestaciones han existido siempre, recibiendo un tratamiento variable según el periodo histórico y la civilización, que ha osci­lado desde la prohibición y persecución hasta la tolerancia y aceptación dentro de unos límites establecidos. Las relaciones efébicas en la cultura griega clásica son, en este sentido, una refe­rencia obligada. Pero en ningún caso se llegaban a confundir los comportamientos aludidos con relaciones equiparables a las que sostenían entre sí hombres y mujeres, y menos todavía se otorga­ba el más alto reconocimiento social a su relación. Ésta es una singularidad de nuestro tiempo y, casi específicamente, un caso español.
Al margen de la consideración moral, que evidentemente tie­ne un fundamento antropológico, hay que subrayar que esta cla­se de alteración tiene una incidencia social y económica negativa. La causa es muy concreta: ignorar que la economía, cada modelo y sistema económico, obedece a una antropología concreta. La economía trata, por una parte, de las actividades relacionadas con la producción, distribución y consumo de bienes y servicios; y por otra, constituye el cálculo que busca maximizar el beneficio y optimizar los medios en relación a los fines. En ambos casos se están formulando criterios antropológicos: uno depende de la cultura y el otro de la conducta. En este sentido, Rubio de Ur­quía señala en «Estudios de teoría económica y antropológica»: «La clave general para acceder al conocimiento de la naturaleza fundamental de la teoría económica es la investigación de las re­laciones estructuralmente existentes entre enunciados antropoló­gicos y enunciados teórico-económicos».

Esto es una evidencia a la que no se le da ningún valor práctico pese a ser decisiva. La economía soviética implicaba una concepción del hombre distin­ta a la de Estados Unidos, porque la concepción de lo que es ser persona, sus relaciones e instituciones sociales, es decir, el fun­damento antropológico, también era diferente. Ésta es la razón por la que, después de años de socialismo, las economías surgi­das de la URSS han tenido tantas dificultades para funcionar bien en el marco de la economía de mercado, que necesita un elevado margen de confianza para funcionar -capital social-, y donde no es admisible el beneficio ilimitado a cualquier precio y de cualquier manera. La economía de mercado necesita tam­bién por parte del sujeto, de una actitud de responsabilidad per­sonal hacia el resultado del trabajo, que el régimen socialista no había generado. «El hombre económico» socialista era sustan­cialmente distinto al occidental.
En todas las cosmovisiones, en todas las culturas, se hace pre­sente la distinción entre hombre y mujer, fruto inherente de la naturaleza, de la forma como se relacionan y como construyen instituciones estables basadas precisamente en aquella diferencia. Esta realidad configura el comportamiento económico. La inter­relación entre hombre y mujer, junto con actitudes y decisiones económicas, se hace presente de manera arrolladora tanto en la literatura como en la historia. Si elimináramos el sentido irreduc­tible de aquella diferencia, nuestra cultura quedaría desarticula­da. El preparar el futuro no tanto para un beneficio material de índole personal sino en razón de los hijos y nietos, el tomar deci­siones económicas de largo alcance en razón de esta perspectiva, el de constituir empresas familiares y rnantenerlas, el hecho de interesarse por algo más que por el lucro inmediato y el máximo consumo individual, la existencia de unas líneas de descendencia, parentesco y alcurnia, claras y bien definidas, la certeza de que los matrimonios como norma tienen hijos y están dispuestos y capacitados para educados, que son capaces de tener cuidado el uno del otro, que los hijos están dispuestos a sacrificar una parte de sus ingresos en forma monetaria o temporal para cuidar a sus predecesores, y la confianza de que esto será también así para ellos, define la existencia de una cadena educativa intergenera­cional entre abuelos y nietos, que son los fundamentos culturales de la donación y la confianza. Todas estas, y otras lógicas inter­nas, forman parte de la concepción antropológica que ha cons­truido y que sustenta la economía. Es irracional pensar que si se -modifican en un grado sustancial, tal y como de hecho está suce­diendo, la actividad económica y social se resentirá. Por ejemplo, cuando se afirma que los homosexuales tienen más capacidad de gasto que los heterosexuales a igual renta, lo que se está diciendo es que el modelo económico deja de invertir en el futuro -el coste de los hijos- para situarlo todo en el consumo presente. Es un cambio radical de paradigma, porque una sociedad que sustituye la inversión a largo y medio plazo por el consumo está abocada a la crisis y la decadencia económica. La homosociedad no es un problema económico mientras se mantiene en los lími­tes de su propia colectividad, porque constituye un hecho numé­ricamente marginal, pero resulta insostenible si se presenta como un modelo de validez general.
Si el único horizonte vital posible es el de la satisfacción indi­vidual, nadie plantará un roble, ni prevalecerá la búsqueda, ni la democracia sabrá hacer frente a los problemas de largo plazo, porque cada vez más se concentrará en aquello más inmediato pese a que no sea lo más importante. Es lo que ha empezado a suceder. Tanto es así, que la limitación estratégica para adoptar decisiones sobre políticas medioambientales a la altura del pro­blema no está en la falta de información, ni de sensibilidad, sino en las dificultades crecientes de una sociedad sin capacidad para actuar a largo plazo, en un grado suficiente como para sacrificar expectativas de presente.

Si se altera la antropología de la caracterización hombre­ mujer como la única identitaria de la especie humana, toda la concepción subsiguiente y el sistema de relaciones que construye se degrada y, con él, el sistema económico. En estas condiciones, las dificultades que experimenta nuestro sistema de bienestar se multiplican y su quiebra se acelera hasta hacerse inviable.
En los años setenta y ochenta del siglo pasado, la defensa del modelo de sociedad significaba la defensa del mercado y la liber­tad de iniciativa de la figura social del empresario, la capacidad emprendedora, el valor de la herencia y la sucesión empresarial, el derecho a la propiedad de los medios de producción ante las concepciones intelectualmente hegemónicas surgidas del mar­xismo.

Hoy, defender el modelo de sociedad significa defender lo mismo que en el pasado pero bajo unos supuestos más pro­fundos, más en la raíz, en la infraestructura: el sentido y signifi­cado de ser hombre y mujer y su complementariedad fecunda, la importancia del compromiso entre ambos y las condiciones que realzan la fortaleza de su vínculo, la dificultad para su ruptura, los medios para la conciliación. Defender hoy el modelo de so­ciedad del bienestar significa reforzar la capacidad educativa de los padres necesaria para la generación de capital social y huma­no. Representa una cosa aparentemente tan elemental, y a la vez tan vital y en peligro, como es garantizar una descendencia sufi­ciente.

viernes, 30 de octubre de 2009

Libro del mes (Noviembre 2009). Título: "Explorando los genes"

El autor de este libro es Nicolás Jouve de la Barreda, doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad Complutense de Madrid, catedrático de genética desde 1977. Actualmente en la Universidad de Alcalá (Madrid). Fue Presidente de la Sociedad Española de Genética de 1990 a 1994. Es asesor del Grupo de Bioética de la Comisión Nacional Española de cooperación con la UNESCO y responsable del módulo científico del curso de doctorado de la cátedra UNESCO de Bioética......
Ha colaborado en diversas obras colectivas y es autor de varios libros de genética y bioética; su labor científica se resume en la producción de cerca de 200 publicaciones, la mayoría en revistas internacionales de su especialidad.
En esta obra, con el rigor y la objetividad científica que le caracterizan, Nicolás Jouve acerca las cuestiones genéticas a una sociedad mal o parcialmente informada y, a través de ejemplos, notas explicativas y referencias ha creado un verdadero compendio al alcance del gran público sobre el estado de los conocimientos científicos, de los retos y las perspectivas de la llamada nueva Biología.
Veamos algún fragmento de la obra citada:

"¿Existe base Genética para pensar en una mejora Genética de la especie humana?
Lo más grave de todo, en relación con la eugenesia darwiniana o social, es el hecho de su injustificada eficacia, tanto para la erradicación de las enfermedades, físicas o mentales, como para mejorar el comportamiento humano.
Cuando hablamos de enfermedades genéticas, si no hay un determinismo monogénico simple, la intervención eugenésica resultará muy problemática. No sería eficaz en el caso de enfermedades con base poligénica en las que la influencia de factores ambientales puede ser muy patente y dificultar la relación genotipo-fenotipo, En este caso, la selección de un fenotipo determinado puede no ser eficaz ya que en el mismo pueden intervenir con más fuerza los factores ambientales que los genéticos.
En este mismo contexto entran muchos de los caracteres deseables no patológicos, como las propiedades físicas o los relacionados con rasgos mentales o de conducta. En estos casos la herencia es poligénica y la influencia ambiental puede ser mucho más determinante. En este caso no cabe hablar de genes deseados o no deseados. No existen criterios objetivos para realizar la selección de los genotipos, simplemente porque no hay forma de garantizar la correspondencia genotipo-fenotipo.
En definitiva, no hay un determinismo genético claro y definitivo de caracteres de comportamiento, ni son solo los genes los que contribuyen a un coeficiente intelectual elevado, o a cualquiera de las múltiples manifestaciones de la conducta humana, caracterizada en su caso por un determinismo genético complejo, a base de múltiples factores repartidos por todo el genoma y, como es característico de la herencia poligénica, con un fuerte componente ambiental."