domingo, 20 de octubre de 2013

18º Comentarios de Filosofía: "La ideología de género".





  • La izquierda, desde el término de la Segunda Guerra Mundial, ha sufrido una profunda evolución ideológica y estratégica con el tránsito de diversas etapas y tácticas.
  • Intelectuales izquierdistas, como Jean Paul Sartre y Simon­e de Beauvoir, se incorporaron al entorno comunista moti­vados, fundamentalmente, por su odio a la Iglesia Católica e impulsados por su voluntad de eliminación de toda forma de superstición religiosa. Inspirándose en un supuesto «Marx humanista­» de sus Manuscritos económicos y filosóficos de 1844, trataron de elaborar una nueva interpretación de base marxista combativa­ de toda forma de «alienación», incluidas las de naturaleza familiar y sexual que encubrirían la capitalista. 
  • En el itinerario de esta evolución, seguiremos como hilo conductor  el magnífico trabajo elaborado por el abogado José  Sáiz Calabria titulado «Una aproximación a la mentalidad dominante. La izquierda como nuevo moralismo». 
  • Así, el «neomarxismo» de los años 60 del siglo XX invertiría los­ esquemas ortodoxos marxistas, al poner el acento en la superestructura (pensamiento, valores, religión, estética) por encima  de las condiciones materiales y de producción; sirviéndose para ello no poco de la reelaboración marxista de Antonio Gramsci. Para este autor italiano de los anteriore año30 el cambio de mentalidad, liderado por los que denomina "intelectuales  orgánicos», debía preceder al cambio social revolucionario; enfrentándose así con un todavía opositor «sentido­ común» fruto de la tradición católica.
  • Otra vía de renovación del marxismo procede de la Escuela de Frankfurt (Horkheimer, Adorno, Marcuse, Fromm, Benjamin). Desde diversas perspectivas, pretendían extender la crítica ­de la alienación a todas las formas de institución social. Para ello investigarán especialmente las raíces familiares y cualquier otra forma de autoridad prefiguradoras de todo pensamiento y estructura represora y, por definición, calificada como "fascista" . En este neomarxismo, Herbert Marcuse elabora una síntesis de Marx y Freud, quien propone que la verdadera­ liberación de toda alienación pasa necesariamente por la liberación sexual, transformando el cuerpo humano en un instrumento  de placer y no de explotación. Erich Fromm, por su parte denunciará toda forma de autoridad: la familia, la religión, el patriarcado, el machismo..  Caído el Muro de Berlín, descompuesta la Unión Soviética, desbaratado el modelo chino, con una socialdemocracia en convergencia con los dictados de las oligarquías económicas del mundialismo y diezmada por los nuevos partidos antisistema (Frente Nacional francés, Partido Liberal austríaco, Partidos del Progreso danés y noruego, UKIP británico ... ), estos intelectuales proporcionarán los instrumentos ­interpretativos y de acción de la izquierda postmarxista de los años 80 y siguientes. 
  • Sáiz Calabria caracteriza esta perspectiva, magistralmente, en el siguiente párrafo: «Esta "nueva" izquierda se modula en una lucha constante contra el "fascismo" y en la promoción per­manente de la agitación cultural desde las grandes plataformas mediáticas y culturales de lo políticamente correcto, en las que se elaboran las agendas culturales y se ensalzan o se proscriben los libros, los autores y los temas de interés, y que finalmente van introduciéndose, en un proceso incontenible y devastador, en los grandes medios y en las expresiones de la cultura popular, la televisión, la música, la literatura o el cine». 
  • La última mutación de esta evolución la constituiría la deno­minada «ideología de género». Ya Simonne de Beauvoir enun­ció en 1949 su conocido aforismo: «No naces mujer, te hacen mujer». Sigamos con Sáiz Calabria: «La ideología de género es un feminismo radical surgido hacia fines de los 60, que rompe con el anterior movimiento feminista de paridad (que creía en la igualdad legal y moral de los sexos), para exigir el derecho a determinar la propia identidad sexual, y así llegar a una socie­dad sin clases de sexo. Tuvo una fuerte presencia en la polémica Cumbre de Pekín, la IV Conferencia Mundial de la ONU sobre la Mujer, realizada en septiembre de 1995» y en la que se propon­drían, entre otras tácticas y estrategias, el tan extendido, como apenas cuestionado concepto «violencia de género». 
  • Se trata, en suma, de una nueva utopía, de un proyecto hu­mano sustentado en contravalores que «Mantiene un vínculo con las utopías liberadoras de antaño y adquiere las formas de una nueva religión política, sin coerción física ni liderazgos he­roicos, pero que va decantándose en un totalitarismo blando aunque, por ello mismo, extraordinariamente eficaz por cuanto oculta los verdaderos mecanismos de su asimilación»; asevera Sáiz. Debemos precisarle, no obstante, que ya en el poder- es el caso de España- esta ideología no vacilará en servirse de los medios «represores» clásicos: desde los recursos policiales a la exclusión de los disidentes. 
  • Tales propuestas revolucionarias constituyen el núcleo de la llamada «perspectiva de género», cuyo origen lo encontra­mos en el marxismo, según hemos visto, si bien con la aparente contradicción que presenta su dialéctica interna. No en vano, el marxismo se pretende «científico» y esta perspectiva neomar­xista/feminista violenta la naturaleza misma, objeto del estudio de la ciencia; por lo que deviene en una ideología profundamen­te irracional, tanto o más que las otras modalidades marxistas. Su pretensión de reelaborar la historia, metodología y objetivos, la caracterizan, además, como una ideología totalitaria que se servirá, si es preciso, de los instrumentos de esta índole propios de un Estado de control hegemónico. 
  • La ideología de género reinterpreta, desde tales premisas, la naturaleza, el individuo, la historia, la economía ... Con su pre­tensión de liberar al hombre del hecho objetivo, «dado» por la naturaleza, de su propio cuerpo, promueve inevitablemente la revolución de un nuevo hombre, una nueva cultura y, en con­secuencia, una nueva sociedad. El término «género» deviene, en esta cosmovisión, en concepto clave y revolucionario de su correspondiente neolenguaje, otra característica de los totalita­rismos; cuestión que merece un estudio particular dada su ex­trema incidencia en el cambio social. 


lunes, 30 de septiembre de 2013

Libro del mes (septiembre 2013): Lecciones de derecho natural.



Este libro es del profesor de Derecho Natural de la Universidad Complutense, José María Rodríguez Paniagua. En este capítulo diserta sobre el derecho y la ética a través de los filósofos más importantes. Veamos un fragmento del mismo:

"LA DIFERENCIA ENTRE  MORAL Y DERECHO"

"Para esclarecer un poco más el concepto de Derecho conviene confrontarlo con el de Moral (lo que haremos en este capítulo) y con el de usos sociales (lo que haremos en el próximo). 

Hoy día hay quienes ponen más énfasis en la conexión y unidad que en la diferencia entre Moral y Derecho. Pero, incluso para comprender el sentido de esa unidad, es preciso no perder de vista la diferenciación de ambos conceptos. 
El logro de esta diferenciación ha sido una tarea extremada­mente laboriosa para la humanidad, y todavía hoy continúa siendo polémica. Su trascendencia no puede ocultársenos, porque de ella depende la determinación de las conductas que han de ser exigidas con el rigor propio del Derecho, y el modo como deben realizarse las acciones, en cuanto reguladas por la Moral y en cuanto regu­ladas por el Derecho. 
La mentalidad griega no estuvo en condiciones de captar la diferencia entre Moral y Derecho, porque contemplaba a ambos como dotados de carácter político, es decir, estatal. Ni siquiera SÓCRATES, que parece tuvo un atisbo de lo que actualmente llama­mos «la voz de la conciencia», llegó a distinguir la moralidad de la legalidad: ésta podía ser criticada, e incluso desobedecida en los mandatos concretos de los gobernantes; pero en todo caso había de ser respetada; y en cuanto a la legalidad establecida, la que venía a ser la expresión de la manera de ser del Estado, de su modo de gobernarse, era en definitiva la norma de conducta, la que determinaba qué acciones eran buenas y qué acciones eran malas. En cuanto a los romanos, tal vez pueda decirse, como afirma DEL VECCHIO, que tuvieron «una intuición fina y exacta de los límites del Derecho», que por eso procedieron «siempre de un modo seguro en las aplicaciones prácticas»; pero lo cierto es que no llegaron «a trazar su distinción teórica de la Moral» .
Era más fácil que esta distinción se lograra dentro del cristia­nismo, que además de introducir la diarquía Iglesia-Estado, dejan­do al individuo en la necesidad de orientarse entre una y otro, le da una independencia y una dignidad, en cuanto destinado a una vida eterna de unión con Dios, que lo eleva muy por encima de la vinculación al Estado que tenían como perspectiva los griegos y los romanos antes de la asimilación del cristianismo. 
Un esbozo de distinción entre Moral y Derecho podemos verJo ya en SAN AGUSTíN, quien asigna a la ley humana, «que tiene sólo por fin el gobierno de los pueblos», la función de «castigar no más que en la medida de lo preciso para mantener la paz entre los hombres» . Es decir, que, frente a la ley eterna y la ley natural, que se refieren a la moralidad en general, la humana, en la que evidentemente podemos ver representado el Derecho, tiene tan sólo una orientación social, y por cierto bastante restringida: «mantener la paz entre los hombres». 
Mayores precisiones encontramos en SANTO TOMÁS DE AQUI­NO. En primer lugar, porque no se refiere a la ley humana, sino al Derecho y a la justicia legal o general, que se corresponde con el Derecho ; en segundo lugar, porque tiene en cuenta el aspecto de la orientación y finalidad social del Derecho de un modo más adecuado: no sólo mantener la paz, es decir, la seguridad jurídica, sino también, de manera más general, procurar la «ordenación al bien común»; en tercer lugar, porque nos indica no sólo la diver­sidad de fines, de la Moral y el Derecho, sino también el distinto modo como se han de procurar: en los actos del Derecho y de la justicia legal no hay que atender al «modo como se los realiza», a diferencia de las demás virtudes, que «perfeccionan al hombre sólo por referencia a él mismo», y, por consiguiente, hay que tener en cuenta en ellas el modo como se realizan. Tenemos, pues, que para SANTO TOMÁS el Derecho se orienta al bien común o social, pero de una manera objetiva, conformándose con que de hecho se realice lo que conduce al bien común, o social, o colectivo, sin tener en cuenta el modo subjetivo de su realiza­ción . Sin embargo, en el ambiente que recogió y mantuvo duran­te siglos la doctrina de SANTO TOMÁS DE AQUINO tuvo más peso que estas precisiones el hecho de que en ella apareciera el Derecho íntimamente vinculado con la justicia y de que se tratara de ésta como de una virtud más, al lado de las otras virtudes morales. Esto bastó para que no se cayera en la cuenta de la trascendencia o importancia de sus matizaciones; y para que se adscribiera su doctrina de las relaciones entre Moral y Derecho a la que era general en su tiempo y durante mucho tiempo después: la que asimilaba el Derecho a la Moral, no viendo en el primero más que una parte de la segunda. En realidad era esto lo que pedía el ambiente, porque la diarquía introducida por el cristianismo se había vuelto a perder en la práctica, o, al menos, se había desdi­bujado, por la alianza de las dos potestades (la alianza del trono y del altar). Hay que esperar al siglo XVIII para encontrar por primera vez un ambiente propicio para la recepción, es decir, la aceptación generalizada de la distinción entre Moral y Derecho. Ese ambien­te no es otro que el de la ilustración, especialmente preocupado por las cuestiones de tolerancia religiosa. Como había la tendencia a entender la religión ante todo como religión natural, es decir, como derivada de la razón y de la naturaleza humana, y no de la Revelación divina, era lógico que esa religión apareciera no sólo como íntimamente relacionada con la Moral, sino incluso centrada en ésta (la religión misma era una obligación moral, para con Dios)".



domingo, 1 de septiembre de 2013

Libro del mes (Agosto 2013): Retorno al pudor.



La autora del libro es la norteamericana Wendy Shalit, doctora en Filosofía. En este libro defiende el sentido de la vergüenza, la privacidad, la caballerosidad y la importancia de la reticencia sexual y propone una vuelta al pudor.

Veamos un fragmento de este libro:

"Mientras tanto, muchas mujeres que han tenido amplia experiencia en relaciones sexuales sin compromiso devoran las obras dramáticas del siglo diecinueve -en el cine, en el PBS, en cualquier sitio donde puedan echar mano de obras de Jane  Austen y disfrutar con personajes como Emma o Elisabeth Bennet- con una seriedad cuasi religiosa que sería cómica si no fuera tan dolorosa de contemplar. Aunque recono­zcamos entre nosotras que tenemos ilusiones románticas, no nos  atrevemos a hacerlo en público por miedo a que se piense  que estamos «desequilibradas». 
Pero, podrías preguntarme, ¿por qué debería importamos todo esto, y por qué vamos a metemos donde nadie nos llama? 
La respuesta es que la sociedad moderna ha arrebatado a las mujeres  jóvenes la principal arma de que disponían para pro­teger sus esperanzas, y ahora es necesario dar la cara para pedir que sea devuelta. 

El pudor de la mujer no es una manera artificial de «reducir el propio atractivo», ni es, como dice G.F. Schueler, una simmple falta de atracción por los «bañadores exiguos». Es mucho más que todo eso. El pudor es un reflejo que se despierta de manera natural para ayudar a la mujer a proteger sus ilusiones y guiarla hasta su plenitud, y en concreto la ilusión de que solamente haya un hombre en su vida. No  hace falta recurrir al estudio de Buss y Schmitt sobre el sexo para saber que la mayoría de las mujeres preferirían tener en su vida un solo hombre que sea fiel, con todos sus defectos, en vez de una sucesión de hombres que las abandonan. Lógicamente, con esta esperanza viene una cierta vulnerabilidad, porque de alguna manera, cada vez que un hombre se muestra inconstante nues­tras esperanzas se ven frustradas. Ahí es donde encaja el pudor. Porque es el pudor el que protege esta especial vulnerabilidad con el objetivo de poner a la mujer en las mismas condiciones que el hombre. El retraso que introduce el pudor en las rela­ciones entre hombre y mujer no solo hace que sea más proba­ble que las mujeres puedan elegir hombres que les sean fieles, sino que, al convertir la atracción sexual en amor, transforma a los hombres de machos sin civilizar -que buscan tantas pa­rejas sexuales como sea posible- en hombres que realmente desean ser fieles a una sola mujer. 

Para empezar a comprender la relación que hay entre el pu­dor, la vulnerabilidad sexual y las secretas y más altas esperan­zas de la mujer, basta echar un vistazo a un número de 1997 de Cosmopolitan (el de abril), donde encontramos una carta bastante extraña: 
Te copio más abajo una carta de amor genérica, donde hay algunos huecos para que tu chico los rellene. Haz cien copias de la carta y se las entregas. Pidele que te envíe una a la semana. Para que le resulte más sencillo, pásale también los sobres con la direc­ción y el sello ya puestos. «Queridísima        te echo muchí­simo de menos. Tú------  es como el aire que respiro. Sin él creo que me moriría. Tu preciosa------  me hace---------cada vez que te---------- No sé que haría si me dejaras. Quizá me-------- en un------ con---------------- Pero ningún sufrimiento que pudiera padecer es comparable con una vida sin ti, 
mi queridísima---------- Te quiere siempre, .» 

Así que hemos tenido que llegar a esto, ¿eh? ¡Y hay que ha­cer cien copias, nada menos! Ya se ve que la esperanza es lo último que se pierde ... Pero, querido director de la revista, ¿no decías que daba igual si no te querían? Justo un año antes po­día leerse en la misma revista: «¿Quién dice que no se puede disfrutar del sexo sin compromiso? No dejes que te laven el cerebro con esas nuevas modas ultraconservadoras: Por supuesto­ que puedes acostarte con alguien simplemente para pa­sar un buen rato. ¿Igual que los hombres? ¡Exactamente!»  
Y,sin embargo, en ese mismo número de Cosmo, unas pági­nas después, nos encontrábamos con «Lucy» que confesaba en tono lloroso que «necesito que mi novio me asegure constan­temente que me quiere y que me desea de verdad. Significa mucho para mí que esté dispuesto a hacer esto, aunque ima­gino que debe estar un poco cansado de consolarme. 
Quizá es que, a pesar de todo, todavía nos importa que nos quieran, pero corno todavía no tenemos una forma de hacer que este anhelo se concrete, todo lo que nos queda es una espe­ranza un tanto desesperada de recibir esa carta de amor que nunca nos enviaron, y de ahí que tengamos que conformamos con una carta-formulario y todos esos huecos miserables y sin sentido. A lo mejor por eso nos resistimos a aceptar "Las reglas", aquel libro de hace unos años que garantizaba a la lectora que el hombre que le gustaba se casaría con ella si cumplía -hacía o dejaba de hacer- todo lo que se indicaba en él. Muchas mujeres se compraron el libro, pero la mayoría se quedaron decepcionadas e incómodas, sin saber muy bien por qué, al leerlo. Algunas incluso se enfadaron. Me parece que es una buena cosa que nos hayamos resistido a esas reglas de actua­ción, aunque nos dijeran que «funcionaban», porque es un poco deprimente que hayamos tenido que llegar a esto. La realidad es que somos seres humanos, tenemos sentimientos y también dignidad. No somos ordenadores que rellenan hue­cos en los formularios y que siguen protocolos de comporta­miento. Estamos aquí para algo más que eso, algo más alto. 
El pudor es capaz de rellenar los huecos. No responde al vulgar cómo de la feminidad, sino al bellísimo por qué". 

jueves, 29 de agosto de 2013

Libro del mes (Julio 2013): Los grandes cementerios bajo la luna.


Este libro es de Georges Bernanos, novelista, ensayista y dramaturgo francés (1888-1948). Fue publicado en 1938 y es una crónica sobre la barbarie, como dijo Hannah Arendt, el mejor planfleto que jamás se ha escrito contra el fascismo. Veamos un fragmento:

"Me diréis que esas personas eran santos. No, os lo aseguro, no eran santos. Eran resignados. En todos los hombres hay una enorme capacidad de resignación, el hombre es resignado por naturaleza. Por eso dura. Porque, bien pensado, de otro modo el animal lógico no habría soportado ser el juguete de las cosas. Hace milenios que el último de ellos se habría roto la cabeza contra los muros de su cueva, maldiciendo su suerte. Los san­tos no se resignan, por lo menos tal como lo entiende el mundo. Si sufren en silencio las injusticias que soliviantan a los medio­cres, es para dirigir con más ímpetu contra la Injusticia, contra su rostro de bronce, todas las fuerzas de su alma grande. Las iras, hijas de la desesperación, se arrastran y retuercen como gusanos. La oración, al cabo, es la única rebelión que se man­tiene firme. 
El hombre es resignado por naturaleza. El hombre moderno más que los otros, debido a la soledad extrema en que le deja una sociedad que apenas conoce entre los seres relaciones que no sean de dinero. Pero estaríamos muy equivocados si creyéramos que esta resignación lo convierte en un animal inofensivo. La re­signación concentra en él unos venenos que lo mantienen listo, llegado el momento, para toda suerte de violencias. El pueblo de las democracias no es más que una muchedumbre, una muche­dumbre a la que mantienen perpetuamente en vilo el Orador invisible, las voces que llegan de todos los rincones de la tierra, voces que muerden sus entrañas y atacan sus nervios porque hablan el idioma  mismo de sus deseos, sus odios, sus terrores. Verdad es que las democracias parlamentarias, más excitadas, carecen de temperamento. Las dictatoriales tienen fuego en las entrañas.
        Las democracias imperiales son democracias en celo.
  La ira de los ímbeciles llena el mundo. En su ira, la idea de redención les­_ atormenta, porque está en el fondo de toda esperanza humana­. Es el mismo instinto que arrojó a Europa contra Asia en el tiempo de las Cruzadas. Pero entonces Europa era cristiana, los imbéciles pertenecían a la cristiandad. Ahora bien, cristiano puede ser cualquier cosa, un bruto, un idiota o un loco, pero de ninguna manera puede ser un imbécil. Me refiero a los cristianos que han nacido cristianos, cristianos de estado, cristianos de cristiandad. En una palabra, cristianos nacidos en plena tierra cristiana, y que se creían libres y consuman una tras otra, bajo el sol o el aguacero, todas las estaciones de su vida. Dios me libre de compararlos con los zoquetes que los curas cultivan en tiestecitos, protegidos de las corrientes de aire! 
Para un cristiano de cristiandad, el Evangelio no es solo una antología de la que se lee un trozo cada domingo en el misal y que puede  cambiarse por Eljardín de las almas piadosas del padre Prudent o las Florecillas devotas del canónigo Boudin. El Evangelio informa las leyes, las costumbres, las penas y hasta los placeres, porque en él se bendice la humilde esperanza del hombre y el fruto de su vientre. Podéis tomarlo a broma, si queréis. No conozco muchas cosas útiles , pero sé lo que es la esperanza en el Reino de Dios, ¡Y no es poco, palabra de honor! ¿No me creéis? Peor para vosotros. Tal vez esta esperanza vuelva a estar con su pueblo. Tal vez la respiremos todos, un buen día, todos juntos, una mañana de los días, con la miel del alba. ¿No os in­teresa? Da lo mismo. Los que entonces no quieran recibirla en sus corazones por lo menos la reconocerán por esto: los hom­bres que hoy desvían la mirada a vuestro paso, o se burlan en cuanto les habéis dado la espalda, caminarán derechos a vuestro encuentro, con una mirada de hombre. Por esto, repito, sabréis que vuestro tiempo ha pasado". 

domingo, 4 de agosto de 2013

Libro del mes (junio 2013): Bioética Práctica



Este libro es de José María Pardo Sáenz, licenciado en Medicina y Cirugía. Con él pretende el autor dar una visión integradora de la persona humana. Veamos un fragmento.

HACIA UNA VISIÓN INTEGRAL DEL HOMBRE
La persona es una realidad unitaria corpóreo-espiritual


  • En el Museo de Historia de Washington hay una pequeña sala dedicada «al hombre». En una de sus paredes cuelga una lámina, que representa una figura humana de 77 kilogramos de peso. Transparentes va­sijas de diversos tamaños contienen los productos naturales y químicos que se encuentran en un organismo humano de proporciones semejantes: 40 kilos de agua, 17 de grasa, 4 de fosfato cálcico, 1,5 de al­búmina, 5 de gelatina. Otros frascos de menor capa­cidad corresponden a carbonato cálcico, almidón, azúcar, cloruro de sodio y de calcio, etc. El hombre, sea político o militar, poeta, cantante, ministra o castañera, parece reducirse allí a una suma de unos cuantos elementos de la tabla de Mendeleiev. O como dice Carl Sagan, científico de la NASA, presentador y artífice de la famosa serie te1evisiva ti­tulada Cosmos: «yo soy el conjunto de agua, calcio y moléculas orgánicas llamado Carl Sagan. Tú eres un conjunto de moléculas casi idénticas, con una eti­queta colectiva diferente». No es de extrañar, que «el pequeño dios del mun­do» --como llama el Fausto de Goethe al hombre ­salga un tanto deprimido del Museo de Historia de Washington, o tras escuchar semejantes palabras del científico televisivo. 
  • Ahora bien, ¿el hombre no es «nada más» que lo afirmado por los Sagan, los Demócritos, los Marx y demás materialistas que andan por el mundo? ¿El pensamiento y la persona, la libertad y el amor no son más que una combinación -aunque complejísi­ma- de elementos materiales? La célebre novela del Hidalgo Don Quijote de la Mancha, ¿no es más que el resultado de la combinación de letras surgida por azar, o por alguna oculta e ignota necesidad de las letras mismas? ¿No estará detrás el ingenio de una potencia misteriosa y viva, trascendente e irreducti­ble a letras, llamada Miguel de Cervantes? Detrás de la Novena Sinfonía de Beethoven, ¿no hay más que un cúmulo de notas ordenadas por unas neuronas, que han sido ordenadas «por el azar», o más bien habrá  que pensar en la existencia de un genio llamado Beethoven, irreductible a neuronas? ¿«Las hilanderas» del Museo del Prado, no son nada más que azarosa combinación de pigmentos o sustancias coloreadas­? 
  • ¿No habrá que pensar más bien en la existencia del  llamado Velázquez, irreductible a pigmento por excelente que fuera? Y detrás de Beethoven, Velázquez, Cervantes, de la gravitación universal y de la evolución de la semilla en árbol, ¿no habrá que descubrir una Sabiduría infinita y creadora? 
  • Amplios sectores del pensamiento contemporáneo defienden un dualismo antropológico, de inspiración cartesiana, según el cual el hombre es entendido como sujeto pensante que termina relegando la corporalidad humana al mundo de lo meramente biológico, carente de significación personal. En consecuencia, la facultad generativa, en cuanto estructura biológica­, estará al servicio del alma, siempre pura y noble. Así la protagonista de «Una proposición indecente» se justifica ante  su esposo del adulterio cometido, argumento muy en boga en nuestros días: «mi cuerpo estaba en sus brazos, pero mi corazón estaba contigo.
  • Según  esta concepción reduccionista del ser humano, también se puede manipular la parte orgánica-biológica el bien de la persona. No hay inconveniente alguno en utilizar la contracepción, la investigación de embriones en aras del «amor», de un fin solidariom solidario con terceros, etc. 
  • Desde esta posición dualista, la realidad de la persona se  recluye al ámbito de la conciencia, que adquiere así prioridad sobre el estatuto ontológico de la persona, sobre lo que el hombre es. Las intencio­nes, sentimientos y deseos priman sobre las finalida­des insertas en el dinamismo natural humano. Desde semejante posición, la dignidad de la persona no constituye límite alguno para la intervención técnica en los procesos naturales que presiden la vida huma­na desde su inicio hasta su final. 
  • Yo me opongo a esta visión empobrecedora de la persona humana. El ser humano no es cuerpo y alma, sino unidad sustancial de ambos. Tampoco es sólo cuerpo o sólo alma, sino unidad de ambas, totalidad unificada. La dimensión corpórea es, por eso, parte constitutiva, inherente, esencial de la persona. El cuerpo es la persona en su visibilidad. A través del cuerpo la persona se expresa y se manifiesta, ama y es amada. Por eso, todo lo que afecta al cuerpo afec­ta a la persona. Respetar la dignidad personal exige salvaguardar la identidad corporal. 


domingo, 28 de julio de 2013

Libro (mes de mayo 2013): "Los apuntes de Malte Laurids Brigge"



Este libro del poeta Rainer María Rilke, le sirve al autor para analizar la soledad, el amor, la naturaleza y la muerte.

Veamos un fragmento:

"SÍ, es posible. 
¿Es posible que toda la historia del universo haya sido mal comprendida? ¿Es posible que la imagen del pasado sea falsa, porque siempre se ha hablado de sus muchedumbres­, como si no fuesen más que reuniones de muc­hos hombres, en lugar de hablar de aquel alrededor del cual se congregaban, porque era extraño y moribundo? 
SÍ, es posible. 
¿Es posible que nos creamos obligados a recuperar lo que sucedió antes de que naciésemos? ¿Es posible que sea necesario recordar a cada uno que ha habido antepasados ­y que por consiguiente, lleva en sí este pasado, y que no tiene nada que aprender de otros hombres que pretenden ­poseer un conocimiento mejor o diferente? 
SÍ, es posible. 
¿Es posible que todas estas gentes conozcan con todo rigor un pasado que jamás existió? ¿Es posible que todas las realidades no sean nada para ellos, que su vida se deslice sin estar anudada a ninguna cosa, como un reloj en un cuarto vacío? 
Sí, es posible. 

¿Es posible que no se sepa nada de todas las muchachitas que, sin embargo, viven? ¿Es posible que se diga: «las mujeres», «los niños», «los muchachos» y no se sospeche  que estas palabras ­desde hace mucho tiempo, no tienen plural, sino solamente singular? 
SÍ, es posible. 
¿Es posible que haya gentes que digan: «Dios» y piensen ­que sea un ser que es común a todos? Ved estos dos colegiales: uno se compra un cortaplumas, y su compañero, el mismo día, se compra uno idéntico. Y después de una semana, al enseñarse sus navajitas, parece que no hay entre ambas más que un parecido remoto, tan distinta ha sido la suerte de las dos cuchillas en manos diferentes. «Sí», dice la madre de uno, «siempre estropeas todo ... ». y más aún: ¿Es posible que se crea tener un Dios sin usarlo? 
Sí, es posible. 
Pero si todo esto es posible, y por otra parte sólo tiene una apariencia de posibilidad, entonces sería necesario, por todo lo que en el mundo existe, que suceda algo. El primer llegado que ha tenido este inquietante pensa­miento debe comenzar a hacer alguna cosa de las que han sido desatendidas; quienquiera que sea él, aunque no sea el más apto, puesto que no hay otro. Este Brigge, este ex­tranjero, este joven insignificante, deberá sentarse y, en su quinto piso, deberá escribir, escribir día y noche. Sí, deberá escribir, y así acabará esa situación". 

miércoles, 1 de mayo de 2013

Libro del mes (abril 2013): Meditaciones del Escorial.





Este  ensayo de Ortega  que se recoge en uno de los ocho volúmenes de su obra “El espectador” recoge una de las características de nuestro pueblo español, que parece que hoy se está olvidando y, por el momento en el que estamos viviendo, debemos recordar. Por eso, nada mejor que leer este fragmento del ensayo:

      “¿A quién dedicó Felipe II esta gran profesión de fe, que es después de San Pedro en Roma, el credo que pesa más sobre la tierra europea? La carta de fundación pone en boca del Rey: ”El cual Monasterio fundamos a dedicación y en nombre del bienaventurado San Lorenzo, por la particular devoción que, como dicho es, tenemos a ese gloriosos santo, y en memoria de la merced y victoria que en el día de su festividad de Dios comenzamos a recibir.”  Esta merced fue la victoria de San Quintín.
   Aquí tenemos una leyenda documentada que es preciso rectificar, a pesar del documento. San Lorenzo es un santo respetable, como todos los santos, pero que, a decir verdad, no ha solído intervenir en las operaciones de nuestro pueblo. ¿Será posible que uno de los actos más potentes de nuestra historia, la erección del Escorial, no haya tenido otra significación que el agradecimiento a un santo transeúnte, de escasa realidad española? No nos basta San Lorenzo: soy el primero en admirar aquello de que, hallándose bien tostado de un lado, pidió que le volviesen del otro; sin aquél gesto no estaría representado el humorismo entre los mártires. Pero, francamente, la paciencia de San Lorenzo, con ser admirable, no basta para llenar estos colosales ámbitos.
   Es indudable que cuando presentaron varios planos a Felipe II y eligió éste, encontró en él expresada su interpretación de lo divino.”
  “Todos los templos se erigen, claro está, para la mayor gloria de Dios; pero Dios es una idea general, y ningún templo verdadero se ha elevado jamás a una idea general. (…) La religión no se satisface con un Dios abstracto, con un mero pensamiento, necesita de un Dios concreto, al cual sintamos y experimentemos realmente. De ahí que haya tantas imágenes de Dios como individuos: cada cual, allá en sus íntimos hervores, lo compone con los materiales que encuentra más a mano. El rigoroso dogmatismo católico se limita a exigir que los fieles admitan la definición canónica de Dios; pero deja libre la fantasía de cada uno para que lo imagine y lo sienta a su manera.
   Mirando en nuestro interior, buscamos en cuanto allí hierve lo que nos parece mejor, y de esto hacemos nuestro Dios. Lo divino es la idealización de las partes mejores del hombre, y la religión consiste en el culto que la mitad de cada individuo rinde a su otra mitad, sus porciones ínfimas e inertes a las más nerviosas y heroicas.
   El Dios de Felipe II o, lo que es lo mismo, su ideal, tiene en el Monasterio un comentario voluminoso. ¿Qué expresa la masa enorme de este edificio? Si todo monumento es un esfuerzo consagrado a la expresión de un ideal, ¿qué ideal se afirma y hieratiza en este fastuoso sacrificio de esfuerzo?
¿A quién va dedicado –decíamos- ese fastuoso sacrificio de esfuerzo?
   Si damos vueltas en torno a las larguísimas fachadas de san Lorenzo, habremos realizado un paseo higiénico de algunos kilómetros, se nos habrá despertado un buen apetito; pero, ¡ay!, la arquitectura no habrá hecho descender sobre nosotros ninguna fórmula que trascienda de la piedra. El Monasterio del Escorial es un esfuerzo sin nombre, sin dedicatoria, sin trascendencia. Es un esfuerzo enorme que se refleja sobre sí mismo, desdeñando todo lo que fuera de él pueda haber. Satánicamente, ese esfuerzo se adora y canta a sí propio. Es un esfuerzo consagrado al esfuerzo.
   Ante la imagen del Erecteión, del Partenón, no ocurre pensar en el esfuerzo de sus constructores: las cándidas ruinas envían bajo el cielo de límpido azul grandes halos de idealidad estética, política y metafísica, cuya energía es siempre actual. Preocupados en recoger estos efluvios densos, la cuestión del trabajo consumido en pulir aquellas piedras y en ordenarlas no nos interesa, no nos preocupa.
   Por el contrario, en este monumento de nuestros mayores se muestra petrificada un alma toda voluntad, todo esfuerzo, mas exenta de ideas y de sensibilidad. Esta arquitectura es toda querer, ansia, ímpetu. Mejor que en parte alguna aprendemos aquí cuál es la sustancia española, cuál es el manantial subterráneo de donde ha salido borboteando la historia del pueblo más anormal de Europa. (…)  La mole adusta de San Lorenzo, expresa acaso nuestra penuria de ideas, pero, a la vez, nuestra exuberancia de ímpetus. Parodiando la obra del doctor Palacios Rubios,  podríamos definirlo como el tratado del esfuerzo puro.”