jueves, 14 de abril de 2011
Libro del mes (abril2011): La caza y los toros de Ortega y Gasset
Veamos algunos fragmentos de su libro: “La caza y los toros”.
“ No puede comprender bien la Historia de España, desde 1650 hasta hoy, quien no se haya construido con rigurosa construcción la historia de las corridas de toros en el sentido estricto del término, no de la fiesta de los toros, que más o menos vagamente ha existido en la Península desde hace de tres milenios, sino lo que nosotros actualmente llamamos con este nombre.”
” La historia de las corridas de toros revela alguno de los secretos más recónditos de la vida nacional española durante tres siglos. Y no se trata de vagas apreciaciones, sino que otro modo no se puede definir con precisión la peculiar estructura social de nuestro pueblo durante esos siglos, estructura social que es, en muy importantes órdenes, estrictamente inversa de la normal en las otras grandes naciones de Europa “
“ No soy un aficionado a los toros. Después de mi adolescencia son contadísimas las corridas de toros a que he asistido; las estrictamente necesarias para poder hacerme cargo de cómo iban las cosas. En cambio he hecho con los toros, lo que no se había hecho: prestar mi atención con intelectual generosidad al hecho sorprendente, que son las corridas de toros, espectáculo que no tiene similitud con ningún otro, que ha resonado en todo el mundo y que, dentro de las dimensiones de la historia española en los dos últimos siglos, significa una realidad de primer orden.”
”Para un español la palabra "toro" no significa un concepto tan genérico como Bull para un inglés o Strer para un alemán. Me refiero a un español que lleve en las venas la tradición nacional. “... “Más para un español de cepa, toro no significa cualquier macho bovino, sino precisa y exclusivamente el macho bovino que tiene cuatro o cinco años y del que se reclama que posea tres virtudes: casta, poder y pies. Si no tiene cuatro años no es toro, es novillo o becerro. Si no posee, en una u otra dosis y combinación, aquellas tres virtudes, podrá llamarse toro, pero comprometiéndose a agregar malo-. será toro malo-. donde malo significa lo que cuando había duros de plata, llevaba a decir: ¡Hombre hoy me han dado un duro malo!, donde malo significa que, por haches o por erres, no era un duro. Esto le pasa a un toro que no posee ni casta, ni pies, ni poder “
“toro y torero excepto en la cogida,, no deja margen a la atención para percibir en su detalle la doble melodía de los movimientos que es cada suerte. De aquí que la doctrina expuesta por Domingo Ortega se nos presenta con cierto aire de teorema geométrico. todo lo demás es geometría ó cinemática”. En la lidia todo es rápido y dramático y nos sobrecoge. Toro y toreo son dos sistemas de puntos que han de variar en correlación el uno con el otro.”
“Es extraño que no se haya compuesto nunca una geometría y cinemática taurina, cuando todo el que ha querido explicar una suerte ha tenido que tomar el lápiz de dibujar líneas que simbolizan movimientos”.
” Toro y torero constituyen lo que los matemáticos llaman grupo de transformaciones geométricas. Es sabido que la geometría reclama en sus cultivadores una peculiarísima dote nativa para la intuición de las relaciones espaciales, ello acontece también en la geometría del toreo En la terminología taurina en lugar de espacios y sistemas de puntos, se habla de terrenos y esta intuición de los terrenos- toro y torero- es el don congénito y básico que el gran torero trae al mundo. Merced a él, sabe estar siempre en su sitio, porque ha anticipado infaliblemente el sitio que va a ocupar el animal. Todo lo demás, aún siendo importante es secundario: valor, gracia, agilidad de músculo. El esfuerzo y un continuado ejercicio permiten que quien carece de ese don llegue a aprender algunos rudimentos de la ciencia de los terrenos y consiga realizar, sin ser atropellado algunas suertes gruesas como los capotazos de los peones. Pero el toreo auténtico y pleno, presupone ineludiblemente aquella extraña inspiración cinemática que es, a mi juicio, el más substantivo talento del gran torero. Por eso la excelencia de éste, aparece inmediatamente desde sus primeras actuaciones. Tampoco el torero se hace, sino se nace..
-. Para Ortega y Gasset:” La embestida del toro no es ciega, sino dirigible por parte del torero.”.”El toro es el animal que embiste, y su furia no es ciega, como la del hombre -que lo deshumaniza-, sino reflejo de su propia pujanza vital”. “La embestida del toro se dirige siempre al objeto que la provoca: el engaño que exhibe el torero “.
domingo, 20 de marzo de 2011
12 Comentario de Filosofía: La persona humana.
En este siglo XXI que nos toca vivir, sólo la Iglesia Católica, como siempre, se enfrenta a la Conjura contra la Vida. Lo mejor para comprobarlo es leerse entera la Encíclica de 1995 Evangelium vitae de Juan Pablo II (1920-2005). Reproduzco algunos fragmentos de la misma que no necesitan mayor comentario por mi parte. Creo que se trata del texto más lúcido y más comprensible escrito nunca sobre esta cuestión y ha sido mi principal fuente de inspiración a la hora de escribir este modesto trabajo que voy concluyendo:
"Amplios sectores de la opinión pública justifican algunos atentados contra la vida en nombre de los derechos de la libertad individual, y sobre este presupuesto pretenden no sólo la impunidad, sino incluso la autorización por parte del Estado, con el fin de practicarlos con absoluta libertad y además con la intervención gratuita de las estructuras sanitarias (.)
Opciones consideradas unánimemente como delictivas y rechazadas por el común sentido moral, llegan a ser poco a poco socialmente respetables. La misma medicina, que por su vocación está ordenada a la defensa y cuidado de la vida humana, se presta cada vez más en algunos de sus sectores a realizar estos actos contra la persona, deformando así su rostro, contradiciéndose a sí misma y degradando la dignidad de quienes la ejercen (.)
No pocas veces se viola también el parentesco 'de carne y sangre', por ejemplo, cuando las amenazas a la vida se producen en la relación. entre padres e hijos, como sucede con el aborto O cuando, en un contexto familiar o de parentesco más amplio, se favorece o se procura la eutanasia..
Para facilitar la difusión del aborto, se han invertido y se siguen invirtiendo ingentes sumas destinadas a la obtención de productos farmacéuticos, que hacen posible la muerte del feto en el seno materno, sin necesidad de recurrir a la ayuda del médico. (.)
La vida que podría brotar del encuentro sexual se convierte en enemigo a evitar absolutamente, y el aborto en la única respuesta posible frente a una anticoncepción frustrada. Lamentablemente la estrecha conexión que, como mentalidad, existe entre la práctica de la anticoncepción y la del aborto se manifiesta cada vez más y lo demuestra de modo alarmante también la preparación de productos químicos, dispositivos intrauterinos y 'vacunas' que, distribuidos con la misma facilidad que los anticonceptivos, actúan en realidad como abortivos en las primerísimas fases de desarrollo de la vida del nuevo ser humano (..)
Se producen con frecuencia embriones en número superior al necesario para su implantación en el seno de la mujer, y estos así llamados 'embriones supernumerarios' son posteriormente suprimidos o utilizados para investigaciones que, bajo el pretexto del progreso científico o médico, reducen en realidad la vida humana a simple 'material biológico' del que se puede disponer libremente.
Los diagnósticos prenatales, que no presentan dificultades morales si se realizan para determinar eventuales cuidados necesarios para el niño aún no nacido, con mucha frecuencia son ocasión para proponer o practicar el aborto (..)
Se ha llegado a negar los cuidados ordinarios más elementales, y hasta la alimentación, a niños nacidos con graves deficiencias o enfermedades. Además, el panorama actual resulta aún más desconcertante debido a las propuestas, hechas en varios lugares, de legitimar, en la misma línea del derecho al aborto, incluso el infanticidio, retornando así a una época de barbarie que se creía superada para siempre. Amenazas no menos graves afectan también a los enfermos incurables y a los terminales, en un contexto social y cultural que, haciendo más difícil afrontar y soportar el sufrimiento, agudiza la tentación de resolver el problema del sufrimiento eliminándolo en su raíz, anticipando la muerte al momento considerado como más oportuno (..)
Encontramos una trágica expresión de todo esto en la difusión de la eutanasia, encubierta y subrepticia, practicada abiertamente o incluso legalizada. Ésta, más que por una presunta piedad ante el dolor del paciente, es justificada a veces por razones utilitarias, de cara a evitar gastos innecesarios demasiado costosos para la sociedad. Se propone así la eliminación de los recién nacidos malformados, de los minusválidos graves, de los impedidos, de los ancianos, sobre todo si no son autosuficientes, y de los enfermos terminales.
Otro fenómeno actual, en el que confluyen frecuentemente amenazas y atentados contra la vida, es el demográfico. Éste presenta modalidades diversas en las diferentes partes del mundo: en los países ricos y desarrollados se registra una preocupante reducción o caída de los nacimientos; los países pobres, por el contrario, presentan en general una elevada tasa de aumento de la población, difícilmente soportable en un contexto de menor desarrollo económico y social, o incluso de grave subdesarrollo. Ante la superpoblación de los Países pobres faltan, a nivel internacional, medidas globales -serias políticas familiares y sociales, programas de desarrollo cultural y de justa producción y distribución de los recursos- mientras se continúan realizando políticas antinatalistas (.) Prefieren promover e imponer por cualquier medio una masiva planificación de los nacimientos. Las mismas ayudas económicas, que estarían dispuestos a dar, se condicionan injustamente a la aceptación de una política antinatalista (...)
Estamos en realidad ante una objetiva CONJURA CONTRA LA VIDA, que ve implicadas incluso a instituciones internacionales, dedicadas a alentar y programar auténticas campañas de difusión de la anticoncepción, la esterilización y el aborto. Finalmente, no se puede negar que los medios de comunicación social son con frecuencia cómplices de esta conjura, creando en la opinión pública una cultura que presenta el recurso a la anticoncepción, la esterilización, el aborto y la misma eutanasia como un signo de progreso y conquista de libertad, mientras muestran como enemigas de la libertad y del progreso las posiciones incondicionales a favor de la vida (. . .)
Justo en una época en la que se proclaman solemnemente los derechos inviolables de la persona y se afirma públicamente el valor de la vida, el derecho mismo a la vida queda prácticamente negado y conculcado, en particular en los momentos más emblemáticos de la existencia, como son el nacimiento y la muerte (..)
Nuestras ciudades corren el riesgo de pasar de ser sociedades de 'convivientes' a sociedades de excluidos, marginados, rechazados y eliminados. Si además se dirige la mirada al horizonte mundial, ¿cómo no pensar que la afirmación misma de los derechos de las personas y de los pueblos se reduce a un ejercicio retórico estéril, como sucede en las altas reuniones internacionales, si no se desenmascara el egoísmo de los países ricos que cierran el acceso al desarrollo de los países pobres, o lo condicionan a absurdas prohibiciones de procreación, oponiendo el desarrollo al hombre? ¿No convendría quizá revisar los mismos modelos económicos, adoptados a menudo por los Estados incluso por influencias y condicionamientos de carácter internacional, que producen y favorecen situaciones de injusticia y violencia en las que se degrada y vulnera la vida humana de poblaciones enteras? (.)
La libertad reniega de sí misma, se autodestruye y se dispone a la eliminación del otro cuando no reconoce ni respeta su vínculo constitutivo con la verdad. Cada vez que la libertad, queriendo emanciparse de cualquier tradición y autoridad, se cierra a las evidencias primarias de una verdad objetiva y común, fundamento de la vida personal y social, la persona acaba por asumir como única e indiscutible referencia para sus propias decisiones no ya la verdad sobre el bien o el mal, sino sólo su opinión subjetiva y mudable o, incluso, su interés egoísta y su capricho (.)
Desaparece toda referencia a valores comunes y a una verdad absoluta para todos; la vida social se adentra en las arenas movedizas de un relativismo absoluto. Entonces todo es pactable, todo es negociable: incluso el primero de los derechos fundamentales, el de la vida.
Es lo que de hecho sucede también en el ámbito más propiamente político o estatal: el derecho originario e inalienable a la vida se pone en discusión o se niega sobre la base de un voto parlamentario o de la voluntad de una parte -aunque sea mayoritaria- de la población. Es el resultado nefasto de un relativismo que predomina incontrovertible: el 'derecho' deja de ser tal porque no está ya fundamentado sólidamente en la inviolable dignidad de la persona, sino que queda sometido a la voluntad del más fuerte. De este modo la democracia, a pesar de sus reglas, va por un camino de totalitarismo fundamental. El Estado deja de ser la 'casa común' donde todos pueden vivir según los principios de igualdad fundamental, y se transforma en Estado tirano, que presume de poder disponer de la vida de los más débiles e indefensos, desde el niño aún no nacido hasta el anciano, en nombre de una utilidad pública que no es otra cosa, en realidad, que el interés de algunos. Parece que todo acontece en el más firme respeto de la legalidad, al menos cuando las leyes que permiten el aborto o la eutanasia son votadas según las, así llamadas, reglas democráticas. Pero en realidad estamos sólo ante una trágica apariencia de legalidad, donde el ideal democrático, que es verdaderamente tal cuando reconoce y tutela la dignidad de toda persona humana, es traicionado en sus mismas bases (..)
Reivindicar el derecho al aborto, al infanticidio, a la eutanasia, y reconocerlo legalmente, significa atribuir a la libertad humana un significado perverso e inicuo: el de un poder absoluto sobre los demás y contra los demás. Pero ésta es la muerte de la verdadera libertad (..)
Cuando se pierde el sentido de Dios, también el sentido del hombre queda amenazado y contaminado
Así, ante la vida que nace y la vida que muere, el hombre ya no es capaz de dejarse interrogar sobre el sentido más auténtico de su existencia, asumiendo con verdadera libertad estos momentos cruciales de su propio 'existir'. Se preocupa sólo del 'hacer' y, recurriendo a cualquier forma de tecnología, se afana por programar, controlar y dominar el nacimiento y la muerte. Éstas, de experiencias originarias que requieren ser 'vividas', pasan a ser cosas que simplemente se pretenden 'poseer' o 'rechazar' (.)
En realidad, viviendo 'como si Dios no existiera', el hombre pierde no sólo el misterio de Dios, sino también el del mundo y el de su propio ser. "
Para actualizar y recordar esta Encíclica, el Papa Benedicto XVI, ante la Asamblea General de la Academia Pontificia para la Vida, impartió el 24 de febrero de 2007 un extraordinario discurso. Reproduzco buena parte del mismo. Tampoco necesita comentario alguno, pues a su altura intelectual se suma la claridad de la exposición:
"El cristiano está continuamente llamado a movilizarse para afrontar los múltiples ataques a que está expuesto el derecho a la vida. Sabe que en eso puede contar con motivaciones que tienen raíces profundas en la ley natural y que por consiguiente pueden ser compartidas por todas las personas de recta conciencia.
Desde esta perspectiva, sobre todo después de la publicación de la encíclica Evangelium vitae, se ha hecho mucho para que los contenidos de esas motivaciones pudieran ser mejor conocidos en la comunidad cristiana y en la sociedad civil, pero hay que admitir que los ataques contra el derecho a la vida en todo el mundo se han extendido y multiplicado, asumiendo nuevas formas.
Son cada vez más fuertes las presiones para la legalización del aborto en los países de América Latina y en los países en vías de desarrollo, también recurriendo a la liberalización de las nuevas formas de aborto químico bajo el pretexto de la salud reproductiva: Se incrementan las políticas del control demográfico, a pesar de que ya se las reconoce como perniciosas incluso en el ámbito económico y social.
Al mismo tiempo, en los países más desarrollados aumenta el interés por la investigación biotecnológica más refinada, para instaurar métodos sutiles y extendidos de eugenesia hasta la búsqueda obsesiva del 'hijo perfecto', con la difusión de la procreación artificial y de diversas formas de diagnóstico encaminadas a garantizar su selección. Una nueva ola de eugenesia discriminatoria consigue consensos en nombre del presunto bienestar de los individuos y, especialmente en los países de mayor bienestar económico, se promueven leyes para legalizar la eutanasia.
Todo esto acontece mientras, en otra vertiente, se multiplican los impulsos para legalizar convivencias alternativas al matrimonio y cerradas a la procreación natural. En estas situaciones la conciencia, a veces arrollada por los medios de presión colectiva, no demuestra suficiente vigilancia sobre la gravedad de los problemas que están en juego, y el poder de los más fuertes debilita y parece paralizar incluso a las personas de buena voluntad (..)
La conciencia moral, para poder guiar rectamente la conducta humana, ante todo debe basarse en el sólido fundamento de la verdad, es decir, debe estar iluminada para reconocer el verdadero valor de las acciones y la consistencia de los criterios de valoración, de forma que sepa distinguir el bien del mal incluso donde el ambiente social, el pluralismo cultural y los intereses superpuestos no ayuden a ello.
La formación de una conciencia verdadera, por estar fundada en la verdad, y recta, por estar decidida a seguir sus dictámenes, sin contradicciones, sin traiciones y sin componendas, es hoy una empresa difícil y delicada, pero imprescindible. Y es una empresa, por desgracia, obstaculizada por diversos factores. Ante todo, en la actual fase de la secularización llamada post-moderna y marcada por formas discutibles de tolerancia, no sólo aumenta el rechazo de la tradición cristiana, sino que se desconfía incluso de la capacidad de la razón para percibir la verdad, y a las personas se las aleja del gusto de la reflexión.
Según algunos, incluso la conciencia individual, para ser libre, debería renunciar tanto a las referencias a las tradiciones como a las que se fundamentan en la razón. De esta forma la conciencia, que es acto de la razón orientado a la verdad de las cosas, deja de ser luz y se convierte en un simple telón de fondo sobre el que la sociedad de los medios de comunicación lanza las imágenes y los impulsos más contradictorios.
Es preciso volver a educar en el deseo del conocimiento de la verdad auténtica, en la defensa de la propia libertad de elección ante los comportamientos de masa y ante las seducciones de la propaganda, para alimentar la pasión de la belleza moral y de la claridad de la conciencia. Esta delicada tarea corresponde a los padres de familia y a los educadores que los apoyan; y también es una tarea de la comunidad cristiana con respecto a sus fieles.
Sólo así será posible ayudar a los jóvenes a comprender los valores de la vida, del amor, del matrimonio y de la familia. Sólo así se podrá hacer que aprecien la belleza y la santidad del amor, la alegría y la responsabilidad de ser padres y colaboradores de Dios para dar la vida (..)
Es necesario hablar de los criterios morales que conciernen a estos temas con profesionales, médicos y juristas, para comprometerlos a elaborar un juicio competente de conciencia y, si fuera el caso, también una valiente objeción de conciencia, pero en un nivel más básico existe esa misma urgencia para las familias y las comunidades parroquiales, en el proceso de formación de la juventud y de los adultos (..)
Es necesario promover coherentemente los valores morales relacionados con la corporeidad, la sexualidad, el amor humano, la procreación, el respeto a la vida en todos los momentos, denunciando a la vez, con motivos válidos y precisos, los comportamientos contrarios a estos valores primarios.
La vida es el primero de los bienes recibidos de Dios y es el fundamento de todos los demás; garantizar el derecho a la vida a todos y de manera igual para todos es un deber de cuyo cumplimiento depende el futuro de la humanidad. "
(La conjura contra la vida de Guillermo Buhigas”Eugenesia y eutanasia”).
martes, 1 de marzo de 2011
Libro del mes (marzo 2011): La rebelión de las masas.
“Esta experiencia básica modifica por completo la estructura tradicional, perenne, del hombre-masa. Porque éste se sintió siempre constitutivamente referido a limitaciones materiales y a poderes superiores sociales. Esto era, a sus ojos, la vida. Si lograba mejorar su situación, si ascendía socialmente, lo atribuía a un azar de la fortuna, que le era nominativamente favorable. Y cuando no a esto, a un enorme esfuerzo que él sabía muy bien cuánto le había costado. En uno y otro caso se trataba de una excepción a la índole normal de la vida y del mundo; excepción que, como tal, era debida a alguna causa especialísima.
Pero la nueva masa encuentra la plena franquía vital como estado nativo y establecido, sin causa especial ninguna. Nada de fuera la incita a reconocerse límites y, por tanto, a contar en todo momento con otras instancias, sobre todo con instancias superiores. El labriego chino creía, hasta hace poco, que el bienestar de su vida dependía de las virtudes privadas que tuviese a bien poseer el emperador. Por tanto, su vida era constantemente referida a esta instancia suprema de que dependía. Mas el hombre que analizamos se habitúa a no apelar de sí mismo a ninguna instancia fuera de él. Está satisfecho tal y como es. Ingenuamente, sin necesidad de ser vano, como lo más natural del mundo, tenderá a afirmar y dar por bueno cuanto en sí halla: opiniones, apetitos, preferencias o gustos. ¿Por qué no, si, según hemos visto, nada ni nadie le fuerza a caer en la cuenta de que él es un hombre de segunda clase, limitadísimo, incapaz de crear ni conservar la organización misma que da a su vida esa amplitud y contentamiento, en los cuales funda tal afirmación de su persona?
Nunca el hombre-masa hubiera apelado a nada fuera de él si la circunstancia no le hubiese forzado vio-
lentamente a ello. Como ahora la circunstancia no le obliga, el eterno hombre-masa, consecuente con su Índole, deja de apelar y se siente soberano de su vida. En cambio, el hombre selecto o excelente está constituido por una Íntima necesidad de apelar de sí mismo a una norma más allá de él, superior a él, a cuyo servicio libremente se pone. Recuérdese que, al comienzo, distinguíamos al hombre excelente del hombre vulgar diciendo: que aquél es el que exige mucho a sí mismo, y éste, el que no exige nada, sino que se contenta con lo que es y está encantado consigo. Contra lo que suele creerse, es la criatura de selección, y no la masa, quien vive en esencial servidumbre. No le sabe su vida si no la hace consistir en servicio a algo trascendente. Por eso no estima la necesidad de servir como una opresión. Cuando ésta, por azar, le falta, siente desasosiego e inventa nuevas normas más difíciles, más exigentes, que le opriman.
Esto es la vida como disciplina -la vida noble-o La nobleza se define por la exigencia, por las obligaciones, no por los derechos. Noblesse oblige. "Vivir a gusto es de plebeyo: el noble aspira a ordenación y a ley" (Goethe). Los privilegios de la nobleza no son originariamente concesiones o favores, sino, por el contrario, son conquistas. Y, en principio, supone su mantenimiento que el privilegiado sería capaz de reconquistarlas en todo instante, si fuese necesario y alguien se lo disputase". Los derechos privados o privi-legios no son, pues, pasiva posesión y simple goce, sino que representan el perfil adonde llega el esfuerzo de la persona. En cambio, los derechos comunes, como son los "del hombre y del ciudadano", son propiedad pasiva, puro usufructo, don generoso del destino con que todo hombre se encuentra y que no responde a esfuerzo alguno, como no sea el respirar y el evitar la demencia”.
miércoles, 9 de febrero de 2011
Libro del mes (Febrero 2011): Eugenesia y Eutanasia.
El autor del libro es Guillermo Buhigas Arizcun (Madrid,1961). Es profesional del mundo audiovisual desde hace veinticinco años. Además, es un incansable investigador tanto de la historia como de la actualidad y no se detiene ante nada a la hora de denunciar, descubrir y combatir las mentiras históricas impuestas por lo políticamente correcto, pero siempre con pruebas textuales y datos reales. En este libro, el autor quiere desentrañar la conjura contra la vida que se da en la actualidad. Ha publicado también, con gran éxito, “Los Protocolos. Memoria Histórica”.
“Por eso, la hipótesis de Darwin, incluso en el caso de ser aceptada de forma recalcitrante en lo referente a esta cuestión, sólo sería válida en esas circunstancias atípicas o extremas. Pero la historia natural transcurre casi siempre, salvo por la acción volitiva del hombre, de una forma evolutiva monótona y siguiendo pautas casi idénticas.
Por eso, para salvar ese escollo conceptual ínsito a su hipótesis, Darwin se vio obligado a introducir todo tipo de analogías sacadas de la acción volitiva del hombre, que es la única capaz de modificar ostensiblemente las monótonas pautas de la naturaleza, pero -para fundamentar su hipótesis transformista- no presentó ni una sola prueba correspondiente al devenir de la naturaleza por sí misma al margen de la acción del hombre.
Según Darwin, si a la actuación de los criadores de animales domésticos, cuando eligen determinadas variedades con preferencia a otras para aparearlas, se la denomina selección, cabe denominar selección natural a la combinación de causas naturales que permiten la extensión de determinadas variedades en los animales silvestres o plantas, en detrimento de otras de su misma especie.
Así, por ejemplo, un criador, al cabo de varias generaciones, puede crear una nueva raza de ganado vacuno con los cuernos cortos o sin ellos, por la mera elección sistemática para el apareamiento de variedades que tengan los cuernos más cortos. Mediante una analogía chapucera y sofística, Darwin elucubra que la naturaleza, con la alteración de las condiciones de vida, de las características geográficas de un país o su clima, podría conseguir que plantas y animales asociados a ese entorno varíen, al cabo de ciertas generaciones, de forma similar a la conseguida por el criador con su ganado y, con ello, seleccionar determinadas variedades mejor adaptadas para el nuevo estado de cosas.
Es decir, para explicar el mecanismo de la naturaleza tal y como él lo inventaba, Darwin lo ejemplificaba con determinadas actuaciones volitivas del hombre: el único elemento de la naturaleza capaz de matarla relativamente y de modificar algunos de sus mecanismos, al margen del resto de los mecanismos naturales. Se trata de una paradoja delirante: determinar la causa por su efecto más excepcional y menos vinculado directamente a la misma, en vez de vincular la mayoría de sus efectos a su causa necesaria. Es como si alguien ve que un huevo se fríe en una piedra puesta al sol y luego pretende convencer de que sólo o, al menos, la mejor y mayor parte de los huevos fritos se hacen poniéndolos en una piedra bajo el sol. Aún más, es como si se pretende imponer la tesis de que sólo en piedra bajo el sol se puede hacer un huevo frito.
Es como si, por el hecho de que se producen muertes en accidentes de carretera, se pretende convencer de que sólo o, al menos, la mayoría las muertes naturales se producen por accidentes en carretera. Aún más , es como si se pretende imponer la tesis de que sólo en accidentes de carretera se producen muertes naturales. Es la quintaesencia de la irracionalidad.
Darwin se mostraba convencido de su tesis exterminadora que, aplicada al ser humano, sería genocida, tal y como lo ha sido en los regímenes políticos inspirados en el darwinismo.
Don Charles postulaba que la multiplicación de pequeñas modificaciones en el transcurso de miles de generaciones y la manifestación operativa de la nueva peculiaridad recibida a partir de la herencia, propiciarían la existencia de una divergencia cada vez mayor respecto a la norma original. La consecuencia de esto sería que se manifestarían finalmente nuevas especies o, en un mayor lapso de tiempo, hasta nuevos géneros naturales”.
viernes, 7 de enero de 2011
Libro del mes (enero 2011): Plaza del Castillo.
El autor de este libro es Rafael García Serrano y nos narra en esta novela la vida de Pamplona, días antes del inicio de la guerra civil, con un afán y un espíritu de concordia entre los españoles, aunque estuvieran en distintos bandos políticos.
- Pero ahora no se puede morir, no se puede morir; mañana será otra cosa, mañana podremos morir cualquiera. Hoy, no.
En algunos sitios tenían que detenerse bastante. Salían a la luz los depósitos de armas. Saltaban las tarimas de antiguas salas, se abría la tierra de los huertos y hasta los fieles difuntos alargaban los fusiles enterrados en los cementerios. También habían conspirado los muertos, también ellos guardaban el secreto en su silencioso descanso, también ellos habían dicho: «Aquí estamos nosotros», porque sabían que en aquel juego les iba la paz del alma, la oración, el funeral, aquel crucifijo que tuvieron en las manos, la fe de sus descendientes, la vida de la tierra que ellos nutrían con sus despojos. Joaquín repartió armas en una viña. «La cosecha del año», comentaba un rapaz. Y un hombre le dijo: «Chico, con esto en la mano da gusto morir sin manchar las sábanas».
Pensaba Joaquín en lo hermoso que sería dar a aquel pueblo la paz, el pan y la justicia, puesto que tan generoso se mostraba a la hora de defender la patria que nadie les había hecho grata, ni tolerable ni igual para todos. Aquel pueblo que encontraba una razón de unidad entre abrumadoras y exasperantes diferencias. Recordó la puerca conversación que sostuvo con un aristócrata de casta relimpia -salvo las intromisiones normales- cuando fue a pedirle trabajo y tierra, tierra pagada, para unos cuantos de aquellos que ahora se disputaban las armas. Fue en Madrid. El noble terrateniente se rascó la cabeza. Ni siquiera conocía la existencia de aquella finca. Joaquín creyó que su misión iba a tener éxito, porque aquel tipo estaba asustado de la marcha que llevaban los negocios españoles, pero al escuchar la respuesta del descendiente de un capitán pobre, bravo, y espléndido, se quedó frío. «Es imposible este pueblo nuestro. Se muere de hambre y se harta de fornicar. Luego vienen los hijos y tengo que pagar yo. Mire usted, joven, no le pago el gusto a nadie, al menos mientras pueda elegir.» Rió su gracia. Joaquín dio un portazo que casi desabrocha el chaleco al mayordomo. Ahora lo contaba, en el coche, camino de la movilización.-Bueno -comentó Olaz-, supongo que levantarán la veda para guarros de este calibre. Joaquín no dijo nada, a sabiendas de que callando mentía, porque estaba seguro de que aquel hombre gélido, siempre a salvo, apostaba fuerte por ellos mismos, por los cinco de aquel coche, por aquella solitaria patrulla que iba gritando: «¡Eh, las provincias, en pie!». Por todos los que en aquella misma hora llamaban a las puertas de las casas, entraban en los pueblos españoles para decretar una movilización subterránea que el sol tornaría libre y radiante. «Al menos -pensaba Joaquín- que no pueda elegir, que elijamos nosotros.»
A las dos de la mañana murió Vallejo. Estaban con él sus camaradas. En torno a su agonía España se echaba al monte, como en las grandes ocasiones. Vallejo confesó la tarde anterior. Había pedido perdón por sus pecados, por aquel pistoletazo que abatió a un hombre. Él no quiso matar nunca, y cuando le tocó en suerte lo hizo sin ira, sin odio, sin rencor alguno, con el alma limpia y en paz.
Quería vivir con los suyos, con su familia, con los hombres de su estirpe, quería compartir las duras y las maduras con todos los que habitaban el destartalado solar de España. Buscaba la verdades elementales y claras, el amor, la esperanza, la justicia, la alegría, el pan nuestro de cada jornada, compartir la patria como en sacramento, y las circunstancias le habían acosado hasta hacerle matar. Matar era sencillo, peligrosamente sencillo. Y por eso pedía perdón, porque matar era muy sencillo. Un poco antes de morir abrió unos ojos opacos, ya fijos en algo lejano e impalpable, en una región sin sustento físico; pero él todavía estaba en la tierra. Dios sabe a quién daba la última explicación. Dijo: «Aprobaré en septiembre».
Volaban hacia Pamplona. El silencio era abrumador.
Ochoa intentó romperlo.
-Vaya un jabato que era. No se ha dejado morir hasta que su muerte no comprometiese nada.
Nadie contestó. Echó un nombre por delante, acotándolo.
- De ése me encargaré yo.
-Tú no. Tú le odias. No podemos odiar a nuestros enemigos. Mañana hemos de vivir con ellos.
Entonces Joaquín pensó que aquella noche era una noche alegre y que quizá no hubiese tiempo para lamentar las bajas. Hizo un esfuerzo y aconsejó:
-Me parece que nos conviene cantar algo y hasta que llegaron a Pamplona fueron cantando, sin solemnidad ninguna, aquellas letrillas ingenuas y bárbaras que especificaban la cantidad de vagones necesarios para el transporte de su jefe encarcelado”.
lunes, 6 de diciembre de 2010
1º Comentario de Filosofía y Ética: Dimensión trascendente del hombre.
Cuando se pierde la trascendencia se produce una fuga hacia la utopía. Tengo el convencimiento de que anular la trascendencia es para el hombre una amputación de la que propiamente se originan todos sus males restantes. Privado de su auténtica grandeza, no tiene otra salida que entregarse a esperanzas aparentes; ello con la agravante de reforzarse así un angostamiento de la razón que impide ya aprehender como racionales las cosas verdaderamente humanas. Marx nos ha enseñado que hace falta extirpar la trascendencia para que el hombre pueda al fin, curado ya de falsas consolaciones, edificar un mundo perfecto. Pero sabemos hoy que el hombre necesita la trascendencia para poder construir su mundo, siempre imperfecto, de un modo que permita vivir en él con dignidad humana.
Si hasta ahora hemos considerado de un modo superficial, incluso en el aspecto político, una época de socialismo o fascismo, se impone contemplar su realidad como épocas de ideologías idolátricas, ficticias religiones que difunden esperanzas puramente seculares de salvación. Goethe supo describir esto de un modo clarividente en sus “Épocas del Espíritu”:
“Cuando esa mentalidad se haya expandido, enseguida vendrá una última época que vamos a llamar prosaica: porque no sabrá siquiera humanizar lo sustancial de las pretéritas asimilando de ellas el claro entendimiento y los usos entrañables, antes bien revestirá lo más antiguo con las formas de la vulgaridad; y de esta manera destruirá completamente sentimientos ancestrales, creencias populares, credos sacerdotales e incluso esa fe del intelecto que aún se siente capaz de suponer tramas maravillosas tras lo insólito. Esa época no puede durar mucho. Apremiado por la necesidad ante el cariz del mundo, el hombre da un salto hacia el pasado en busca de dirección certera; mezcla creencias primitivas, populares y sacerdotales; se aferra a tradiciones de acá y de allá; se hunde en lo misterioso, y sustituye la poesía por fábulas que convierte en artículos de fe. En lugar de enseñar con buen criterio e instruir serenamente, se siembra a capricho juntamente la cizaña con la buena semilla en todas direcciones; no hay ya un centro al que se pueda dirigir la mirada, pues cualquiera se siente autorizado a presentarse como jefe y maestro y ofrecer sus más perfectas necedades como una obra completa. Y es así como viene a perderse el valor de todos los misterios, y con ello a resultar profanada la fe popular. Cosas que antes se deducían unas de otras de modo natural vienen a comportarse como elementos antagónicos, y con ello aparece nuevamente el caos, pero no como aquel originario germinal y fecundo, antes bien como un caos de muerte y putrefacción del que difícilmente podrá otra vez crear el Espíritu divino un mundo que sea digno de ÉL”
Importa especialmente esa humildad en el comportamiento del hombre con la vida, incluyendo la vida no nacida y atendiendo a los límites morales de la biomedicina y la técnica genética. Hans Jonas ha escrito que «nuestra humanidad actual exenta de tabúes tiene necesidad de crear otros voluntariamente a fin de proteger lo que es "sagrado". Me refiero con esto a un valor último intangible. Tal es la "imagen del hombre", nuestra naturaleza genérica. Me acojo a este concepto ante la circunstancia de que el hombre se convierta en objeto de su propio poder científico y técnico y su capacidad de producir modificaciones. Se impone una actitud de mesura, que sólo se tendrá cuando se reavive algo así como un temor último, ése que primitivamente se situaba en el plano religioso efectivo y que, por la razón indicada, no debería ser barrido por una mentalidad que mira solamente a las cosas de este mundo»>?'.
Pero es harto dudoso que este mundo enteramente secularizado sea capaz de establecer tales tabúes y límites para sus actuaciones, una vez que ha dejado de ver en cada ser humano la imagen de Dios. Más realismo parece demostrar Solzhenitsyn cuando escribe: “A esa loca ilusión de los dos siglos últimos, que nos ha conducido hacia la nada y hacia la muerte atómica y no atómica, podemos oponer únicamente la búsqueda constante de la mano que Dios tiende y que de un modo tan necio y arrogante hemos venido rechazando. Un torbellino azota a nuestros cinco continentes; pero el alma del hombre muestra sus más excelentes facultades precisamente en tribulaciones como esas. Si hubiésemos de hundimos y perder el mundo, nuestra sería solamente la culpa”.
(Contra Torrentem. Hans Graf Huyn).
jueves, 2 de diciembre de 2010
Libro del mes(diciembre 2010): Seréis como dioses.
El autor del libro es Hans Graf Huyn, diplomático y político, realizó estudios de Derecho, Ciencias Políticas, Filosofía e Historia. Como miembro del Servicio exterior alemán participó en 1956 en las negociaciones del tratado de la Comunidad Económica Europea. Ha prestado servicios en las embajadas alemanas de Túnez, Dublín, Tokio y Manila. Sus numerosas publicaciones y colaboraciones periodísticas giran fundamentalmente en torno a la historia y las relaciones internacionales. En este libro resalta las consecuencias negativas que para el hombre de nuestro tiempo ha tenido su pretensión de total autonomía. Para el autor del libro, la crisis de Occidente viene a revelarse como la propia del hombre autónomo. Es un libro imprescindible sobre el que cimentar el futuro de Occidente.
“Desde Rusia, la voz de Dostoyevski señalaba los límites con que ha de tropezar la rebelión del hombre autónomo contra Dios. Cuando los hombres -dice- hayan llegado incluso «a derrumbar los templos y cubrir con un baño de sangre la tierra», caerán en la cuenta finalmente de que son «unos rebeldes deleznables, incapaces de aguantar su propia rebeldía-". Hombre cristiano en su indagar sobre Dios, Dostoyevski se muestra convencido de que «la naturaleza del hombre no soporta la blasfemia contra Dios y acaba siempre infligiéndose un castigo por ella»