Por tanto, dado que el presente estudio no tiene una finalidad teórica, como los demás, tenemos que estudiar todo lo relativo a las acciones, a la manera de realizarlas: ellas, en efecto, determinan cómo serán los hábitos, según hemos dicho.
Que hay que actuar según la recta razón es algo comúnmente admitido y vamos a darlo por supuesto. Pero convengamos también de antemano en que el tratamiento de las acciones debe ser esquemático y sin pretensiones de exactitud, como ya hemos dicho al principio, a saber, que el tratamiento debe ser adecuado a la materia tratada, y en lo que concierne a las acciones y las conveniencias no hay nada establecido, como tampoco en lo que concierne a la salud. Y siendo así el tratamiento general, con más razón carecerá de exactitud el tratamiento de los casos particulares, pues no entra en el ámbito de ninguna técnica ni norma, y los que actúan han de tener siempre en cuenta las circunstancias concretas, como se hace en la medicina y en la navegación.
Ante todo hay que tener en cuenta que este tipo de cosas tiende a echarse a perder por defecto y por exceso, como vemos que ocurre con el vigor y la salud; tanto el exceso como la falta de ejercicio destruyen el vigor, así como la bebida y la comida demasiado copiosas o demasiado escasas destruyen la salud, mientras que tomadas con medida la producen, aumentan y conservan. Lo mismo cabe decir de la templanza, la fortaleza y las demás virtudes. El que huye y se asusta de todo es incapaz de soportar nada se vuelve cobarde, mientras que el que no tiene miedo de nada y se lanza a todo se vuelve temerario. Igualmente, el que gusta toda clase de placeres y no se priva de ninguno se vuelve intemperante. Así pues, la templanza y la fortaleza se echan a perder por exceso y por defecto, mientras que la moderación la conserva.
Pero no sólo la generación, el desarrollo y la destrucción se dan a partir y por efecto de las mismas cosas, sino que también será en ellas donde tendrán lugar las actividades correspondientes. En efecto, así ocurre con las cualidades visibles, como el vigor: éste es el resultado de una nutrición abundante y de haber soportado bien trabajos duros, cosa para la que es particularmente apto el hombre vigoroso. Así ocurre también con las virtudes: a fuerza de abstenernos de los placeres nos volvemos sobrios y, una vez, nos hemos vuelto sobrios, estamos en mejores condiciones para abstenernos de aquellos; lo mismo respecto a la valentía: acostumbrándonos a despreciar las situaciones temibles y a soportarlas, llegamos a ser valientes, y, una vez hemos llegado a serlo, estamos en mejores condiciones de soportar las situaciones temibles.
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