lunes, 2 de marzo de 2009

Libro del mes (marzo 2009). Informe sobre la televisión.José Javier Esparza.

El autor de este libro que proponemos este mes es José Javier Esparza (Valencia, 1963), es periodista y licenciado en Ciencias de la Información.
Ha sido reportero free-lance, periodista especializado en Cultura en el diario ABC, editorialista en ABC, Ya y el Grupo Correo, columnista en el "Magisterio español" y en "Próximo milenio", colaborador del programa radiofónico "El mundo por montera", cronista de la actualidad intelectual en la revista "Punto y Coma", jefe de columna del semanario "El siglo" y director de la revista "Hesperia"
En este libro, Esparza realiza un trabajo sobre el fenómeno televisivo y su influencia en el mundo social y cultural con un deseo de aclarar si esa influencia está siendo positiva o negativa.
Veamos algún fragmento de este libro:
"Hubo un tiempo en el que se pensó que la televisión podía ser una magnífica herramienta de conocimiento..................
Hubo un tiempo en el que se pensó que la televisión podía ser un buen útil educativo.......................
Hubo un tiempo en el que se pensó que la televisión podía ser un excelente medio de información...................
Hubo un tiempo en el que se pensó que la televisión podía ser un estímulo a la creatividad en las artes visuales....................
Hubo un tiempo en el que se pensó que la televisión podía suponer una enorme conquista política.........
Más modestamente, hubo un tiempo en el que se pensó que la televisión podía ser un aceptable instrumento de ocio.............
Sin embargo, estamos asistiendo a la fabricación en serie de productos de mercado cuya prioridad no es saber qué se quiere contar, sino seleccionar adecuadamente a quién se le va a contar. La obra importa menos que su venta.
La televisión se ha convertido en un negocio gigantesco que mueve más dinero que numerosos departamentos de la Administración y más también que la mayor parte de las empresas convencionales. La pantalla se ha convertido en un sector del mercado y este planteamiento afecta, ante todo, al modo de comunicar: las cadenas no ofrecen al espectador algo que a éste le pueda ser útil, bello o bueno, sino algo que el mayor número posible de espectadores pueda consumir, aunque sea inútil, feo y malo. Y así tenemos la pantalla como la tenemos".

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