sábado, 22 de febrero de 2014

Libro del mes (febrero 2014): Democracia y Totalitarismo.


El autor de este libro es Raymond Aron, filósofo y sociólogo, dedicó su vida intelectual al gran periodismo político, a la enseñanza y a los estudios filosóficos.
Esta obra es una recopilación de las clases en la Sorbona durante el curso 1957-1958.
Veamos un fragmento de la misma:

"He sugerido que la politica no sólo designaba un sector parcial del conjunto social, sino también un aspecto que abarcaba toda la colectividad. De ser así, ello parece indicar que admitimos una especie de primacía de la política. Ahora bien este curso dedicado a la política sigue a uno sobre la economía  y a otro sobre las clases sociales. ¿No resultará en consecuencia tal primacía contradictoria con el método
 seguido hasta ahora? 

En su tiempo partí de la oposición entre el pensamiento de Tocqueville y el de Marx. Tocqueville consideraba que el movimiento democrático arrastraba al conjunto de las socie­dades modernas hacia la eliminación de distinciones de status y de condición entre los individuos. Este movimiento irresistible podía conducir, según él, a dos tipos de sociedades, una igualitaria y despótica y otra igualitaria y liberal.Tocqueville nos había dado un punto de partida y allí yo me había  limitado a decir: veremos, tras estudiar el desarrollo ­de la sociedad industrial, en qué medida resulta más probable una u otra forma de sociedad. 


Marx,a su vez, buscaba en las transformaciones de la economía ­la explicación de las sociales y políticas y pensaba que las sociedades capitalistas se veían afectadas por una serie de contradicciones fundamentales y que, por consiguiente, se encaminarían hacia una explosión revolucionaria tras la cual aparecería un régimen socialista en una sociedad homogénea, una sociedad sin clases. La organización política tendería a desaparecer, ya que el Estado,  el íns­trumento de explotación de una clase por otra, se extinguiría al apagarse la distinción de clases. 
De ningún modo supuse en las obras anteriores que las transformaciones de la economía determinaban necesaria­mente la estructura social o la organización política, pero sí quise someter a la prueba de la experiencia y de la crítica la hipótesis de tal determinación unilateral. Ello suponía un orden metodológíco y no se traducía, pues, en uno. doctrinal. Sin embargo, los resultados a los que había llegado, equiva­lían en cierto sentido, a negar la teoría que se habría po­dido desprender del que había adoptado. 
Había empezado por la economía a fin de definir un cier­to tipo de sociedad, la sociedad industrial, y dejado sin res­puesta a la cuestión de si un cierto estado de desarrollo eco­nómico determinaba la relación entre las clases y la organí­zación polítíca. Ahora bien, gracias a los estudios realiza­dos en el curso de los últimos años, he podido poner de re­lieve la primacía de los fenómenos políticos en cuanto a su relación con los económicos. 
En efecto, en el origen de la sociedad industrial de tipo soviético, nos encontramos en primer lugar y ante todo con un acontecimiento, una revolución. La de 1917 ha tenido múl­tiples causas de las cuales algunas son de origen económico, pero ha contado también con un antecedente directo próxi­mo, un hecho de orden político, y es perfectamente posible abundar en este adjetivo de político, puesto que según los mismos que hicieron la revolución, las condiciones de madu­rez económica no se habían realizado todavía. 
Además, las características principales de la economía so­viética se derivan, en parte al menos, del partido y de su ideo­logía. No se puede comprender ni el tipo de planificación, ni la asignación de los recursos colectivos, ni el ritmo de crecimiento de la economía soviética, si no recordamos que todos estos fenómenos están influidos por la idea que los comunistas tienen de lo que debe ser una economía y de los fines que se proponen en todo momento: decisiones de orden político, en el sentido amplio de la palabra, puesto que se trata no solo del plan de acción de los dirigentes comunistas, sino el relativo a­ la organización de la colectividad. 
Así pues la planificación de la economía soviética es el resultado de las decisiones adoptadas por los dirigentes del partido, unas decisiones tomadas en el sistema social particular que se denomina político. La economía sovétiva depende en grado sumo tanto del régimen politico de la URSS, como de los programas de acción de cada momento de los dirigentes del partido. Esta politización de la economía soviética, esta subordinación de su estructura y funcionamiento con respecto a consideraciones políticas, prueba que el sistema económico no se ve menos influido por el político que, a la inversa, éste por aquel."

jueves, 6 de febrero de 2014

Libro del mes (enero 2014): "El desontento político".




 

Este libro  fue escrito por Edmundo Burke (1729/1797), uno de los filósofos políticos más importantes, considerado el padre del liberalismo-conservadurismo inglés. Entre sus obras más importantes destacan: Relexiones sobre la revolución francesa, Vindicación de la sociedad natural y nuestra obra que señalamos “El descontento político”.
Veamos un fragmento del libro:

 "Es empresa harto delicada examinar la causa de los desórdenes públicos. Si acaece que un hombre fracasa en tal investigación, se le tachará de débil y visionario; si toca el verdadero agravio, existe el peligro de que roce a personas de peso e importancia, que se sentirán más bien exasperadas por el descubrimiento de sus errores que agradecidas porque se les presenta ocasión de corregirlos. Si se ve obligado a censurar a los favoritos del pueblo, se le considerará instrumento del poder; si censura a quienes lo ejercen dirán de él que es un instrumento de facción. Pero hay que arriesgar algo siempre que se ejercita un deber. En los casos de tumulto y desorden nuestro derecho ha investido, en cierta medida, a todo hombre de la autoridad de un magistrado. Cuando los asuntos de la nación se encuentran en desorden, los particulares están  justificados por el espíritu de ese derecho cuando se salen un poco de su esfera normal. Gozan de un privilegio que tiene alguna mayor dignidad y efectos que la lamentación ociosa de las calamidades del país. Pueden examinarlas de cerca; pueden razonar liberalmente acerca de ellas y si tienen la fortuna de descubrir la verdadera causa de los males y de sugerir algún método probable de eliminarla, sirven ciertamente a la causa del gobierno, aunque puedan desagradar a los gobernantes del momento. El gobierno está profundamente interesado en cualquier cosa que, aunque sea a costa de una incomodidad temporal, pueda finalmente tender a componer las mentes de los súbditos y a conciliar sus afectos. No tengo nada que decir aquí acerca del valor abstracto de la voz del pueblo. Pero mientras la reputación —que es la posesión más preciosa de cada individuo— y la opinión —el gran apoyo del Estado— dependan únicamente de esa voz, no podrá ser considerada nunca como cosa de poca monta, ni para los individuos ni para el gobierno. Las naciones no se rigen primordialmente por medio de las leyes, ni mucho menos por la violencia. Cualquiera que sea la energía original que se pueda suponer en la fuerza o en las normas, la eficacia de ambas es, en realidad, meramente instrumental. Las naciones se gobiernan por los mismos métodos y siguiendo los mismos principios por los cuales un individuo sin autoridad es capaz de gobernar, a menudo, a quienes son sus iguales o sus superiores; mediante el conocimiento de su temple y una utilización juiciosa del mismo; quiero decir, cuando los asuntos públicos son dirigidos firme y tranquilamente; y cuando no, el gobierno no es otra cosa sino una continuada lucha tumultuaria entre el magistrado y la multitud, en la cual unas veces es el uno y otras el otro quien predomina; en la que alternativamente cada uno de ellos se somete y prevalece, en una serie de victorias despreciables y de sumisiones escandalosas. Por ello el temple del pueblo al que preside debería ser siempre el primer tema de estudio del hombre de Estado. Y el conocimiento de ese temple no es, en modo alguno, imposible de alcanzar, de no tener interés en ignorar lo que es su deber conocer. Quejarse de la edad en que vivimos, murmurar de los actuales poseedores del poder, añorar el pasado, concebir esperanzas extravagantes para lo porvenir, son disposiciones comunes de la mayor parte de la humanidad; son, en verdad, los efectos necesarios de la ignorancia y la ligereza del vulgo. Tales quejas y humores han existido en todos los tiempos; sin embargo, como todos los tiempos no han sido iguales, la verdadera sagacidad política se manifiesta distinguiendo aquellas quejas que caracterizan únicamente la incapacidad general de la naturaleza humana, de aquéllas que son síntomas de la destemplanza particular de nuestros aires y estación propios. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Nada puede ser más antinatural que las actuales convulsiones de nuestro país, si la exposición hecha más arriba es exacta. Confieso que sólo la aceptaré con gran repugnancia y ante la coacción de pruebas claras e irrefutables; porque esa situación se resume en esta breve, pero descorazonadora proposición: "Que tenemos un ministerio muy bueno, pero que constituimos un pueblo muy malo"; que mordemos la mano que nos alimenta; que, con una locura maligna, nos oponemos a las medidas y difamamos, desagradecidos, a las personas cuyo único objetivo es nuestra paz y prosperidad. Si unos pocos libelistas insignificantes, que actúan bajo la maraña de unos políticos facciosos, sin virtud, dotes, ni carácter (así los representan constantemente esos señores) bastan para excitar a estos disturbios, tiene que estar muy pervertida la disposición de un pueblo para que puedan producirse, por tales medios, semejantes perturbaciones".

jueves, 2 de enero de 2014

Libro del mes (diciembre 2013): "Los orígenes del totalitarismo".




Este libro de Hanna Arendt (1906/1975), filósofa alemana, explica las corrientes subterráneas de la historia europea que prepararon el nacimiento del  régimen totalitario en Europa; asimismo, caracteriza las instituciones, la ideología y la práctica de los regímenes estalinista y hitleriano.

Veamos un fragmento:
"En nuestro contexto resultan de gran importancia los desarrollos registra­dos en la Unión Soviética, especialmente a partir de 1948 -el año de la mis­teriosa muerte de Zhdanov y del «affaire de Leningrado». Por vez primera después de la Gran Purga, Stalin ejecutó a gran número de altos y altísimos funcionarios, y tenemos la certeza de que estas ejecuciones fueron proyecta­das como preliminares de otra purga que alcanzaría a toda la nación. Si no hubiera sobrevenido la muerte de Stalin, esa purga habría sido desencadena­da por el «complot de los médicos». Un grupo de destacados médicos judíos fue acusado de haber conspirado para «acabar con los cuadros directivos de la URSS». Todo lo sucedido en Rusia entre 1948 y enero de 1953, fecha en que fue «descubierto» el «complot de los médicos», presenta una sorprenden­te y amenazadora semejanza con los preparativos de la Gran Purga de los años treinta: la muerte de Zhdanov y la purga de Leningrado se correspon­dían con la no menos misteriosa muerte de Kirov en 1934, que fue seguida inmediatamente por una especie de purga preparatoria de «todos los antiguos adversarios que permanecían dentro del partido». Es más, el mero conteni­do de la absurda acusación formulada contra los médicos, es decir, que pen­saban matar a todos los que ocuparan posiciones destacadas en todo el país, debió de suscitar fúnebres presentimientos en todos aquellos que estaban familiarizados con los métodos de Stalin de acusar a un enemigo ficticio del crimen que él estaba próximo a cometer. (El ejemplo mejor conocido es, des­de luego, su acusación de que Tujachevski conspiraba con Alemania, en el mismo momento en que él estudiaba la posibilidad de una alianza con los nazis.) Es obvio que quienes rodeaban a Stalin en 1952 comprendían mejor de lo que habrían podido comprender en los años treinta lo que significaban sus palabras y que la simple formulación de la acusación debió de extender el pánico entre todos los altos funcionarios del régimen. Este pánico puede se­guir siendo la explicación más plausible a la muerte de Sralin, a las misterio­sas circunstancias que la rodearon y a la rápida solidaridad de quienes ocupaban los más altos puestos del partido, notoriamente debilitados por las rivali­dades y las intrigas, durante los primeros meses de la crisis de sucesión. Por poco que sepamos, sin embargo, de los detalles de esta historia, lo que cono­cemos basta para confirmar mi convicción original de que «operaciones des­tructoras» como la Gran Purga no eran episodios aislados ni excesos del régi­men provocados por circunstancias extraordinarias, sino que constituían una institución del terror, cuya aparición se esperaba a intervalos regulares -a menos, desde luego, que cambiara la verdadera naturaleza del régimen. El nuevo elemento más dramático de esta nueva purga, que Stalin planeó en los últimos años de su vida, fue un cambio decisivo en la ideología, la introducción de la idea de una conspiración mundial judía. Durante años se habían colocado cuidadosamente los cimientos de este cambio en cierto número de procesos realizados en los países satélites -el proceso de Rajk en Hungría, el asunto de Ana Pauker en Rumanía y, en 1952, el proceso de Slansky en Checoslovaquia. En estas medidas preliminares altos funcionarios del partido fueron singularizados por su procedencia de la «burguesía judía» y acusados de sionismo; esta acusación fue transformada gradualmente para poder implicar en ella a entidades no sionistas (especialmente al «American Jewish Joint Distribution Committee»), con objeto de indicar que todos los judíos eran sionistas y todos los grupos sionistas «mercenarios del imperialis­mo arnericanos ". No había, desde luego, nada nuevo en el crimen del «sio­nismo», pero a medida que la campaña progresaba y comenzó a centrarse en los judíos de la Unión Soviética, se produjo otro cambio significativo: los ju­díos, más que de sionismo, eran ahora acusados de «cosmopolitismo», y la trama de las acusaciones surgida de este eslogan siguió aún más de cerca el modelo nazi de una conspiración mundial de los judíos en el sentido de los Sabios de Sión. Entonces se hizo asombrosamente evidente cuán profunda debía de haber sido la impresión que en Stalin hizo este punto crucial de la ideología nazi -y cuyos primeros indicios se tornaron visibles tras el pacto Hider-Stalin-, en parte, en realidad, por su obvio valor propagandístico tanto en Rusia como en todos los países satélites, donde estaban muy exten­didos los sentimientos antijudíos y donde la propaganda antijudía había dis­frutado siempre de una gran popularidad, pero en parte también porque este tipo de ficticia conspiración mundial proporcionaba una justificación ideoló­gicamente más conveniente a las reivindicaciones totalitarias de dominación mundial que las que pudieran dar Wall Street, el capitalismo o el imperialis­mo. La franca y descarada adopción de lo que se había convertido para todo el mundo en el más destacado símbolo del nazismo fue el último cumplido a su difunto colega y rival en la dominación total, con el que, con gran disgus­to por su parte, no había sido capaz de establecer un acuerdo duradero". 


domingo, 22 de diciembre de 2013

22º Comentario de Filosofía.



¿Antiglobalización?

La pregunta es: ¿se puede luchar de forma efectiva contra algo cuyos presupuestos se comparten? ¿Se puede luchar contra la globa­lización desde presupuestos mundialistas? Una contradicción esencial del movimiento antiglobalización, que el periodista italiano Marcello Veneziani (en su ensayo Derribemos el 68) pone de relieve al dirigirse a los «antiglobalizadores» del siguiente modo: «si criticáis la globaliza­ción en el nombre de una utopía cosmopolita e igualitaria, os situáis al amparo de esa misma globalización; si sois internacionalistas y anár­quicos, igualitario s y libertarios, estáis dentro '-de la globalización; si creéis -como Debord- en el cambio permanente, estáis dentro de sus dominios. Si perseguís el sueño de un mundo mejor -antes que defender la vida de un país real-, estáis bajo el manto de la globa­lización, en su versión más ilusa. Si creéis que es lo mismo nacer en Florencia que en Gabón, estáis sumidos en la globalización de pies a cabeza. Aquél que critica seriamente la globalización ama las diferen­cias de lugares, de pueblos, de culturas; ama las raíces y las tradiciones, ama la civilización y el idioma, las costumbres trasmitidas, la cultura clásica y la iglesia, venera la vejez y respeta la experiencia. Sólo trascien­de el horizonte global aquél que es vertical, y que redescubre el cielo y la tierra hasta internarse en los parajes de lo sagrados." 
Basta ya de falsas expectativas. Es preciso abandonar toda posible ilusión sobre una alternativa a la globalización neoliberal que pueda surgir de lo que, en Occidente, convencionalmente se conoce como «iz­quierda». La incapacidad de la izquierda para pensar en contra de la ló­gica globalizadora se pone muy bien de relieve en su coincidencia básica con los liberales al rechazar la idea de proteccionismo, Se entiende que la derecha liberal se muestre radicalmente en contra de lo que, al fin y alcabo, constituye un pecado mayor contra el dogma librecambista. Pero resulta un tanto llamativo que en Europa prácticamente toda la izquieda, -incluida la extrema izquierda- se muestre hostil ante una práctica que revertiría en la protección de los trabajadores europeos frente al - capital transnacional. La razón de fondo -señala Alain de Benoist- es , ideológica: esto chocaría contra sus convicciones mundialistas. 
En realidad es toda la Nueva clase, ya sea de derechas o de izquierda­, la que no cesa de bramar contra la amenaza proteccionista, dado que las simples palabras barrera, protección, regulación, son para ella sinónimo de repliegue y de nacionalismo, es decir de «xenofobia». Y  aquí se pone de manifiesto la insustancialidad última de esa extrema izquierda «antiglobalizadora» o «antisisterna» y de todas sus vociferaciones «anticapitalistas». Porque en lo básico, coincide con el sistema. Porque se adhiere a lo que constituye el verdadero obstáculo frente al proteccionismo: un estado de espíritu ideológico «liberal-libertario» -compuesto de narcisismo, individualismo, obsesión por el dinero y desprecio por el «pueblo». Ideología libertaria que tiene sus raíces últimas en la Ilustración y la ética protestante, y que al llevar el individualismo a su extremo pierde de vista los valores colectivos fundados sobre solidaridad, y asimila la felicidad a una idea de realización del individuo poco compatible con la vida en comunidad.
 Señala Enmanuel Todd que el ultra-individualismo no es una adhesión primordial a la economía de Mercado, al rechazo a las barreras aduaneras, sino una adhesión a la idea del individuo-rey absoluto, a la idea de que «está prohibido prohibir». Para Todd, «en el plano internacional el universalismoy el antirracismo tienen una relación directa con el dominio del librecambio. La idea de apertura, de superación de todas las diferencias conduce a eso». 
Alain de Benoist pone el dedo en la llaga al señalar que «ese individualismo es de hecho un individuo-universalismo, y el universalismo coincide con la idea de librecambio en la medida en  que se ordena a la idea de «un mundo sin fronteras», un mundo donde las naciones y los países serán inevitablemente superados." Frente al narcisismo individualista se trata de recuperar la capacidad de acción colectiva. Algo para lo que la derecha (entendida la palabra en su vieja acepción de derecha de valores) está filosóficamente mejor equipada que la izquierda. Es por ello que el único frente de rechazo auténtico y efectivo a la globalización se encuentra hoy, en Europa, en los llamados partidos populistas, y no en esa izquierda «antisistema» a medio camino entre la retórica retro y el activismo de diseño. (páginas 158-160 Disidencia Perfecta).


sábado, 14 de diciembre de 2013

Libro del mes(noviembre 2013): Disidencia Perfecta


Este libro de Rodrigo Agulló, licenciado en derecho y ciencias políticas, intenta mostrar que más allá de la división entre derechas e izquierdas se dibuja una nueva línea de fractura:  la que separa a los que están conformes con el actual orden de cosas de los que no lo están.
Veamos un fragmento:

"El esfuerzo de la Nueva derecha por construir un nuevo paradigma político podría en cierto modo interpretarse como un intento de sub­sanar ese gran «error histórico», y de unir lo mejor de la tradición histórica de la derecha a la contestación antiburguesa de esta época. Algo que en pleno siglo XXI, cuando la problemática que originariamente dio  lugar a la derecha y a la izquierda resulta cada vez más anacrónica, sólo puede conducir a nuevas síntesis.

Desde el comienzo de su aventura intelectual, la Nueva derecha reclamó bien a las claras su ambición: favorecer un diálogo con una nueva izquierda» liberada de los lastres dogmáticos de antaño. Una empresa ardua, ciertamente. Porque lo que hay enfrente es esa «izquier­da divina» de la que hablaba Jean Braudillard: una izquierda que se pretende «transparente, virtuosa y moral, representativa de los valores profundos, definitivos de la historia.
En primer término, llamar a la policía (del pensamiento). Desde que la izquierda mayoritaria abandonó sus ínfulas revolucionarias para adherirse al «capitalismo de la seducción» se abortó toda posibilidad de diálogo. Porque esta izquierda travestida sustituyó el debate de ideas por un moralismo histérico para lanzarse a una caza de brujas ante todo aquello que pueda traspasar los límites de lo que ella juzga permisible. A la mayor gloria del pensamiento único. Mucho tiene que ver en ello el confort intelectual y material de los que se saben detentadores de la ideología del Establishment: esa izquierda institucional amodorrada en un poder mediático-cultural que viene disfrutando desde hace dé­cadas, y que dispensa sermones desde el prisma llorón de la ideología de los derechos humanos, desde el encefalograma plano del buenismo. Son los nuevos devotos del orden moral, las nuevas ligas de la virtud, las nuevas mojigatas indignadas, las nuevas damas victorianas defenso­ras de la «decencia».

La campaña de denuncia contra la Nueva derecha en 1979 marcó el tono de todo lo que vendría a continuación: los linchamientos me­diáticos, las «llamadas a la vigilancia», las denuncias de «conspiraciones rojo-pardas» y todo un goteo constante de difamaciones más o menos folclóricas, cuyo examen detallado tendría más bien cabida en la pe­queña historia de esos «años de plomo» para la libertad de expresión:
Pero más allá de las agitaciones mediáticas, mayor interés para calibrar las pautas de desinformación que rodean a esta corriente de ideas tiene referirse a los enfoques con pretensiones académicas o «científicas».
Normalmente, éstos comienzan por proclamar que las descalifi­caciones sumarias son insuficientes para enfrentarse a la complejidad de un fenómeno que tiene un carácter sinuoso, escurridizo: «el grupo escapa siempre por cualquier lado a la definición que trate de dársele», «flexibilidad del discurso, agilidad de espíritu, cultura erudita, formas inéditas de militantismo son sin duda la obra de Alain de Benoist»." La labor del investigador universitario adquiere por tanto una pátina detectivesca: consiste en desbrozar las ramificaciones y escabrosidades del discurso para desenmascarar su verdadera faz y eventualmente des­activar sus perniciosos efectos.
La nota común más frecuente en estos estudios es recurrir a un enfoque básico: el juicio de intenciones. Esto es, atribuir a priori al de­nunciado una «intención oculta», a partir de la cual se juzga todo lo que haga o diga. Dicho de otra forma: «el inquisidor no demuestra el pecado, sino que sienta previamente la intención pecaminosa, y des­pués juzga el comportamiento en función de esa intención supuesta." Partiendo de una premisa tan simple se eligen los métodos adecuados para que el análisis conduzca, en secuencias lógicas, a la conclusión a la que se quiere llegar. Una técnica habitual es el uso selectivo de aquellos elementos del discurso neoderechista que se juzgan más adecuados para los fines perseguidos, dejando fuera el resto (técnica de «la parte por el todo» o recorte). Otro método socorrido es la mezcla de elementos de naturaleza distinta para llegar a la conclusión adecuada, generalmen­te a través de una culpabilidad por asociación (técnica de la amalgama). Algunos ejemplos.

El interés de la Nueva derecha (fundamentalmente en sus prime­ros años) por los temas relativos al «realismo biológico», la gen ética, la antropología física, la psicología hereditaria (Jensen y Eysenk) y la biología del comportamiento o etología (Konrad Lorenz) ponía el énfasis en el estudio de las desigualdades, tanto interindividuales como interétnicas. Pues bien, estos temas se identifican como el nú­cleo central de la propuesta teórica y se relega (técnica del recorte) la crítica radical que esta corriente de ideas hace de todo reduccionismo o determinismo biológico, al señalar que son la cultura y la libertad humanas los elementos que en última instancia son definitorios de la persona, y que la dignidad de la misma no está en función de sus características biológicas: Igualmente, se asocian estos temas (técni­ca de la amalgama) a algo diferente: una supuesta justificación del darwinismo social o la defensa de un «superhombre» nietzscheano entendido en un sentido biológico. Lo que inevitablemente desem­boca en la acusación de racismo.

Otro tanto cabe decir del interés por las civilizaciones indoeu­ropeas. La Nueva derecha realizó en los primeros años setenta todo un trabajo de divulgación de la obra de Georges Dumézil y de sus estudios sobre la ideología trifuncional en las antiguas sociedades indoeuropeas (es decir, las civilizaciones griegas, romanas, célticas, germánicas, bálticas, eslavas, iraníes, india) que se orientaba hacia una interpretación científica de la identidad cultural de Europa. Pues bien, obviando el hecho de que «los indoeuropeos» son un concepto lingüístico-cultural y no racial, esa temática se asoció a un supuesto interés por la «raza aria», ignorando tanto lo que realmente se decía como los terminantes posicionamientos de la Nueva derecha en con­tra de cualquier forma de racismo:

Otro método socorrido es la técnica del doble rasero. Un ejemplo concreto: la asimilación de Alain de Benoist a la extrema derecha en base a su interés por los autores de la «Revolución Conservadora» alemana del primer tercio del siglo xx. Este argumento parte de una falacia: la Revolución Conservadora fue uno de los fundamentos ideológicos del nacionalsocialismo. Algo difícil de sostener, dado que todo estudio detenido sobre el tema pone de relieve que la mayoría de esos autores contemplaron la ascensión nazi con recelo, y muchos de ellos optaron por el exilio interior o exterior, o fueron persegui­dos. El hecho de que en el ideario de derecha nacionalista de esos autores hubiese elementos de intersección con el nazismo no puede honestamente conducir a la identificación sumaria entre ambos fenó­menos, del mismo modo que tampoco puede identificarse a todo el socialismo democrático o a todo el marxismo por su matriz filosófica común con la ideología de Stalin, Mao o Pol Pot".

lunes, 2 de diciembre de 2013

Tema 7º: Lógica




Lógica Tradicional:

Existen 4 clases de juicios fundamentales, combinando  los criterios de cantidad (universal y particular) y los criterios de cualidad  (afirmativo y negativo).

Juicios universales afirmativos A: Todos los hombres son sabios

Juicios universales negativos E:    Ningún hombre es sabio

Juicios particulares afirmativos I: Algún hombre es sabio

Juicios particulares negativos O: Algún hombre no es sabio

Con estos juicios se pueden formar silogismos (silogismo significa reunión, cálculo).


 El silogismo es una argumentación en la cual de un antecedente que compara dos términos (término mayor predicado de la conclusión y término menor que es sujeto de la conclusión) con un tercero (término medio que se repite en las dos premisa pero nunca está en la conclusión), se infiere una consecuencia que une o separa estos dos términos.

Todo lo que está predeterminado es necesario  (premisa mayor)

Todo suceso está predeterminado  (premisa menor)

Todo suceso es necesario (conclusión)


El término mayor ( P):  necesario.

El término menor (S): suceso.

El término medio (M): predeterminado.

Como el término mayor siempre está en la premisa mayor y el término menor en la premisa menor, según la posición del término medio, tenemos cuatro figuras:

1ª figura:  M es P          2ª figura: P es M              3ª figura: M es P            4ª Figura: P es M

                  S es M                             S es M                                M es S                               M es S

                   S es P                             S es  P                                 S es  P                                S es  P

 

¿A qué figura pertenece nuestro ejemplo?

 

El silogismo tiene, a su vez, una serie de leyes, que son las siguientes:

 
1.- Un silogismo debe tener los tres términos (mayor, medio y menor).

2.-Lo términos no pueden tener significación más universal en la conclusión que en las premisas.

3.- El término medio no puede entrar nunca en la conclusión

4.-El término medio debe tomarse universalmente por lo menos en una de las premisas.

5.- de dos premisas negativas no puede sacarse conclusión alguna

6.-de dos premisas afirmativas no puede sacarse conclusión negativa

7.- La conclusión deberá seguir siempre la peor parte (si una premisa es negativa, deberá ser negativa y si una premisa es particular, deberá ser particular).

Con estas leyes y reglas, solo caben 19  modos legítimos de silogismos:

1ª figura: AAA;  EAE;  AII;  EIO.

2ª figura: EAE, AEE, EIO, AOO

3ª figura: AAI, EAO, IAI, AII, OAO, EIO

4ª figura: AAI,AEE,IAI, EAO, EIO.

 

Ejercicios:

1.- Identifica las premisas y conclusiones de los siguientes pasajes.

Pero sostienen, el hombre desea vivir en sociedad; por lo tanto, debe renunciar a una parte de su bien privado en pro del bien público.

2.- Cuál es el modo legítimo y la figura de este silogismo:

Ninguna persona sana tiene cáncer

Algunos españoles son personas sanas

Algunos españoles no tienen cáncer

1ª figura EIO

 
 

Lógica Proposicional:

Se llama proposición a todo enunciado del que puede decirse que es verdadero o falso.

En la lógica proposicional cada letra equivale a una proposición. Se designan con las letras del alfabeto a partir de la  p. Si tenemos que designar dos proposición es: p, q, si tenemos tres proposiciones: p, q, r, si tenemos cuatro: p, q,  r, s y así sucesivamente.

Las proposiciones pueden ser simples o de orden uno: El sol es una estrella y pueden ser compuestas o de orden dos, tres, cuatro…. (dependiendo del número de  proposiciones): Si Pablo es bueno, entonces será premiado.

Cuando se opera lógicamente con una proposición de orden uno, sólo caben estos dos valores: verdadero o falso. Se simbolizan así 1 o V cuando decimos que es verdadero y 0 ó F cuando es falsa.

(p): 1

(p): 0

Cuando se opera con proposiciones de orden dos, se simboliza así:

P          q

V          V

V          F

F         V

F         F

También podemos simbolizarlas así, como hemos dicho antes:

P          q

1          1

1          0

0         1

0         0

A partir de ahora, solo utilizaremos las letras V y F, para mayor claridad.

 

Tabla de la verdad: Es el método de evaluación que mediante la combinación de los valores de las proposiciones simples, nos permite indagar el valor de verdad de las proposiciones compuestas. Lo veremos a continuación.


Para unir proposiciones se utilizan los juntores:

1.- Proposiciones conjuntivas  (     ): Solo es verdadera cuando sus componentes son verdaderos. Así, su tabla de la verdad resultaría esta que escribimos a su derecha.

P          q                          p     q                

V          V                             V

V          F                              F

F         V                               F

F         F                                F

 

Napoleón fue nombrado emperador y acudió a revistar las tropas.

 

2.- Proposiciones disyuntivas (           ): Solo es falsa si son falsas las dos proposiciones que la integran.  Así, su tabla de la verdad resultaría esta que escribimos a su derecha.

 

P          q                          p     q                

V          V                             V

V          F                              V

F         V                               V

F         F                                F

 

Para saciar la sed puedes tomar agua o gaseosa.


3.- Proposiciones condicionales (           ): Solo es falsa cuando es verdadera la primera de las proposiciones integrantes y falsa la segunda. No es una inferencia. Así, su tabla de la verdad resultaría esta que escribimos a su derecha.

 

P          q                          p     q                

V          V                             V

V          F                              F

F         V                               V

F         F                                F

 

Como ayer era martes, hoy es miércoles

Si usted fuma, su salud no se resentirá

Si dos y dos son cinco, Londres es la capital de Inglaterra

Si tú eres capaz de entender esto, yo soy Napoleón.

 

 

4.- Proposiciones bicondicionales (             ): Solo es verdadera cuando son las dos proposiciones verdaderas o las dos falsas. Así, su tabla de la verdad resultaría esta que escribimos a su derecha.
 

P          q                          p     q                

V          V                             V

V          F                              F

F         V                               F

F         F                                V

 

El enfermo tiene meningitis si y solo si tiene la nuca agarrotada y vómitos amarillos.

 

Vamos a realizar una tabla de la verdad más compleja, con cuatro proposiciones.

 

 

Ejemplo: “Si el vehículo queda inmovilizado durante más de 48 horas y las reparaciones han de durar 8 hora o más, la compañía de seguros pone a disposición de los asegurados un billete de tren o uno de avión”

 

1º Paso: Realizamos la frase simbólicamente de acuerdo con las reglas de los juntores:

P     q        (r     s).

 

2º Paso: Ponemos a la izquierda la matriz de las proposiciones y se colocan los valores de verdad. La fórmula será 2    (2 los valores de verdad) (n, las letras):  total 16 combinaciones.

 

 3º Paso.-  Resolvemos la tabla de la verdad de los juntores secundarios o de menos amplitud. En este caso p      q     y     r      s.

 

4º Paso: Finalmente resolvemos el juntor de más amplitud y así finaliza la tabla de la verdad.

 

 

Ejemplo, en la página siguiente.

 

 

 

 

 

 
 

P       q         r       s                        p         q                            r         s               p       q             r       S               

V       V        V      V                             V                                        V                                    V

V       V        V      F                              V                                        V                                    V

V       V        F       V                              V                                        V                                    V

V       V        F       F                               V                                        F                                     F

V       F        V       V                               F                                        V                                     V

V       F        V       F                                F                                        V                                     V

V        F       F       V                                F                                        V                                      V              

V        F       F        F                                F                                        F                                      V                   

F         V      V        V                               F                                        V                                      V

F         V       V        F                               F                                       V                                       V

F         V       F        V                               F                                       V                                       V

F          V       F        F                               F                                       F                                       V

F           F      V        V                              F                                        V                                       V

F           F      V        F                               F                                        V                                       V

F           F       F       V                               F                                        V                                       V

F           F       F       F                                F                                        F                                       V

 

 

 

 

 

 

 

lunes, 18 de noviembre de 2013

Libro del mes (octubre 2013): Emilio o La Educación



Este libro es de Juan Jacobo Rousseau  en el que propone un sistema educativo para que los niños puedan vivir y mejorar la  sociedad , pues, como sabemos, para Rousseau los hombre son buenos por naturaleza, pero la sociedad los pervierte.

Veamos un fragmento:
 

"Todo sale perfecto de manos del autor de la naturaleza; en las del hombre todo degenera…

…A las plantas las endereza el cultivo, y a los hombres la educación…

…La educación es efecto de la naturaleza, de los hombres, o de las cosas. La de la naturaleza es el desarrollo interno de nuestras facultades y nuestros órganos; la educación de los hombres es el uso que nos enseñan éstos a hacer de este desarrollo; y lo que nuestra experiencia propia nos da a conocer acerca de los objetos cuya impresión recibimos, es la educación de las cosas.

Así, cada uno de nosotros recibe lecciones de estos tres maestros. Nunca saldrá bien educado, ni se hallará en armonía consigo mismo, el discípulo que tome de ellos lecciones contradictorias; sólo ha dado en el blanco y vivirá una vida consiguiente, aquel que vea conspirar todas a un mismo fin y versarse en los mismos puntos; este sólo merecerá el título de bien educado…

…Imposible es que un niño que sucesivamente pasa por tantas manos distintas, salga bien educado…

…El único que hace su voluntad es el que para hacerla no necesita valerse de otro; de donde se colige que el más apreciable de los bienes no es la autoridad, sino la libertad. El hombre verdaderamente libre sólo quiere lo que puede, y hace lo que le conviene…

…Ya he dicho que nada se le debe dar a vuestro hijo porque lo pide, sino porque lo necesita, y que no debe hacer nada