sábado, 16 de mayo de 2009

8º Comentario de Ética. La pildora del día después.


Este artículo ha sido publicado en el semanario “Alba”.

Las ministras de Sanidad e Igualdad anunciaban, la semana pasada, la libre dispensación de la píldora del día después (PDD) en farmacias y sin receta médica. La decisión administrativa de la Agencia del Medicamento del Ministerio de Sanidad llevará tres meses de trámites.
Hasta ahora se dispensaba en hospitales, centros sanitarios y de planificación familiar.

El argumento de Trinidad Jiménez es que “no es abortiva, sino anticonceptiva”.
Esta afirmación es falsa, pues la PDD tiene un doble efecto: evita la fecundación y, si falla, evita la anidación. Puede tener, por tanto, tanto un efecto de inhibición de la ovulación como de destrucción del embrión humano ya existente en el tiempo que transcurre entre la fecundación y la anidación en le útero, como explica el presidente del Foro Español de la Familia, Benigno Blanco. Es más, según estudios científicos, entre un 34% y un 42% de las veces, la PDD actuaría por mecanismo antiimplantatorio, por tanto, abortivo.
La ministra de Sanidad argumenta que no es abortiva, porque siguiendo la teoría de la O.M.S. sólo hay embarazo cuando se da la implantación del óvulo fecundado en el útero. Recordemos que la O.M.S. es un organismo de política sanitaria no un organismo científico.

La segunda falacia de la ministra de Sanidad es afirmar que no existe ninguna contraindicación clínica, ni efectos secundarios.
Cuando le preguntamos qué sentido tiene que los prospectos del medicamento sí ponen en guardia de los efectos clínicos, la ministra contesta: “los prospectos siempre advierten de muchas cosas, si uno los lee, le entran ganas de no tomar nada”. Maravillosa respuesta, cuando el prospecto advierte de efectos adversos “muy frecuentes” en una de cada 10 consumidoras.
Resulta al menos chocante, el control solicitado en la venta de fármacos a todos los farmacéuticos y la facilidad que se quiere imponer en la dispensa de la PDD, afirma la Federación Internacional de Asociaciones de Médicos Cristianos.

Otra falacia se desprende en la afirmación de que la libre dispensación de la PDD en farmacias va a recortar las cifras de embarazo no deseados y de abortos provocados.

La experiencia de los de nuestro entorno no lo confirma así. El estudio publicado en 2004 en el Human Reproductive Advance sobre la praxis británica nos lleva a detectar una banalización de las relaciones sexuales que conduce a una sensación de falsa seguridad que conllevó incrementos sustanciales de enfermedades de transmisión sexual, embarazos inesperados y abortos quirúrgicos. Por este motivo, el secretario general de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia, Luis T. Mercé Alberto, califica de frívola la decisión del Gobierno.



8º Comentario de Filosofía. Crítica de la democracia moderna.Felipe Jiménez Pérez.4ª Evaluación


Crítica de la democracia moderna. Artículo publicado en la revista Razón española (Noviembre-Diciembre 2008)
Los marxistas fueron los primeros en formular severas y agudas críticas contra la democracia representativa o democracia burguesa. La libertad y la igualdad formales de las elecciones democráticas burguesas ocultan y disimulan la esclavitud y la opresión materiales del capitalismo. Así entonces la república democrática es el caparazón político óptimo para el capitalismo, porque la relación entre la administración burocrática y el sufragio universal es la contrapartida política óptima de la relación entre la explotación capitalista y el intercambio de mercancías.
Según Marx, las elecciones democráticas deciden cada tres o seis años qué miembro de la clase dominante va a representar al pueblo en el Parlamento. Para Lenin, la democracia burguesa es siempre una democracia para la minoría, sólo para las clases poseedoras, sólo para los ricos.
Marx y Engels denominan cretinismo parlamentario a la ilusión de que en las situaciones revolucionarias las decisiones de los funcionarios electos son automáticamente ejecutadas.
La democracia es la forma estatal más adecuada para el dominio de la clase capitalista.Dice Lenin: " La república democrática es la mejor envoltura política de que puede revestirse el capitalismo; y, por lo tanto, al dominar esta envoltura cimenta su poder de un modo tan seguro, tan firme, que no lo conmueve ningún cambio de personas, ni de instituciones, ni de partidos, dentro de la república democrática burguesa".
El parlamento elegido por sufragio universal es un invento de la sociedad capitalista. Sin embargo, el carácter de clase del Estado burgués exige que el poder efectivo y real no resida incondicionalmente en órganos electos sino que el ejército, la policía y
la burocracia, son cuerpos constituidos de modo no democrático y protegidos adecuadamente para que el control parlamentario sobre ellos nunca pueda ser total; por lo demás, aun suponiendo que las elecciones sean formalmente libres, nunca podrán serlo realmente de un modo completo en una sociedad en la que para todo impera un poder tan multiforme y escurridizo como el del dinero.
Las teorías de la democracia elitista critican la teoría clásica de la democracia. Resulta ser algo ficticia la representación de que el pueblo tenga la soberanía, el poder político. En el fondo, en la democracia quienes gobiernan son las élites políticas, que son las que compiten por el voto del pueblo en una lucha competitiva electoral. Según Max Weber, con el sufragio universal y la formación de partidos políticos de masas, la democracia se convierte en el Estado de partidos. Por eso, el parlamento pierde paulatinamente influencia como centro de debate y deliberación política. Los partidos políticos dirigen a los diputados eliminando el mandato representativo y sustituyéndolo por el mandato imperativo merced a la disciplina de voto del partido. Los partidos políticos son el centro de la vida política. El partido político organiza la representación. Las cuestiones políticas no interesan a las masas, quienes eligen entre diversas élites políticas que se enfrentan entre sí por el liderazgo político. Los partidos políticos se convierten en medios para competir y ganar las elecciones. Los partidos refuerzan el fenómeno del liderazgo político. Las masas son apáticas políticamente y emocionalmente manejables. Los electores son incapaces de discriminar entre políticas distintas. Sólo saben discriminar y elegir entre líderes políticos. La democracia funciona como el mercado. Es un mecanismo institucional que sirve para eliminar a los más débiles y para establecer a los más competentes en la lucha competitiva por los votos y por el poder. Así pues, para Max Weber la democracia representativa es una democracia de liderazgo plebiscitario.
Schumpeter explica el funcionamiento de la democracia desde la perspectiva de la economía política y entiende por lo tanto la democracia como democracia de mercado. Los votantes son consumidores políticos que representan la demanda del mercado político y los políticos y las élites políticas representan la oferta. La democracia es el gobierno de las élites políticas. Esto es lo que afirma en «Capitalismo, socialismo y democracia». La democracia no es entonces el gobierno del pueblo. Ni hay voluntad del pueblo, ni poder del pueblo ni voluntad, general. Por ello, «la democracia no significa ni puede significar que el pueblo gobierna efectivamente, en ninguno de los sentidos evidentes de las expresiones "pueblo" y "gobernar". La democracia significa tan sólo que el pueblo tiene la oportunidad de aceptar o rechazar los hombres que han de gobernarle. Pero como el pueblo puede decidir esto también por medios no democráticos en absoluto, hemos tenido que estrechar nuestra definición añadiendo otro criterio identificador del método democrático, a saber: la libre competencia entre los pretendientes al caudillaje por el voto del electorado. Ahora puede expresarse un aspecto de este criterio diciendo que la democracia es el gobierno de los políticos". El poder popular se reduce a ser un poder electoral. La titularidad del poder político le pertenece al demos, mientras que el ejercicio del poder es confiado a los representantes elegidos por el pueblo.
Como decía Napoleón, el poder viene de arriba y la confianza viene de abajo.
Los partidos políticos son vendedores de mercancías políticas y los electores son los compradores de esas mercancías políticas. Las élites políticas deciden las cuestiones políticas en nombre del pueblo y para el pueblo. Los electores son apáticos y no tienen un conocimiento político preciso ni riguroso. El pueblo es sensible a la propaganda. Los electores son propensos a impulsos emocionales intensos incapaces intelectuales de hacer nada decisivo por su cuenta y sensibles a las fuerzas externas. La voluntad del pueblo, la voluntad general son ficciones.
La vida política democrática es la lucha competitiva entre los partidos por los votos de los electores. El comportamiento de los políticos es análogo a las actividades de los capitalistas que compiten por captar a los clientes. Las técnicas de publicidad electoral son idénticas a las técnicas de publicidad comercial.
El partido político es una máquina electoral que busca la conquista del poder político. Las técnicas de propaganda son para persuadir al electorado de las bondades del político. Las ideologías de los partidos políticos no importan ya. Lo que importa es la capacidad de los partidos para promocionar y sostener un liderazgo político
La democracia es entendida por Schumpeter como un método político para generar decisiones políticas mediante el sufragio universal por medio del cual los electores eligen periódicamente entre diversos equipos de líderes políticos que le son ofertados en el mercado político. «La democracia es un método político, es decir, un cierto tipo de concierto institucional para llegar a las decisiones políticas -legislativas y administrativas-, y por ello no puede constituir un fin en sí misma, independientemente de las decisiones a que dé lugar en condiciones históricas dadas. Por ello, la posición de Schumpeter no es precisamente una posición política fundamentalista democrática, así, "siendo la democracia un método político, no puede ser un fin en sí misma, ni más ni menos que cualquier otro método". Las decisiones no democráticas pueden resultar en algún caso más aceptables para las personas en general que las decisiones democráticas. También Julien Freund dirá más tarde que también se puede hacer buena política en una dictadura.

Por su parte ,Carl Schmitt, distingue entre parlamentarismo y democracia, Según él, el parlamentarismo es el régimen político en el que el Parlamento es la institución central en la que se gobierna mediante una deliberación racional libre y pública sobre el bien común, Ya decía Donoso Cortés que la burguesía era una clase esencialmente discutidora. El gobierno parlamentario es un gobierno de discusión de opiniones en libre competencia. No se rige el parlamentarismo por la verdad, sino por la discusión racional permanente que no ha de tener fin. Todo puede ser discutido o ser puesto en discusión en el parlamentarismo. Esto ha producido una seria erosión en el Estado debido al gran poder de las facciones políticas o partidos. Pues bien, según Carl Schmitt, el parlamentarismo ha devenido algo obsoleto y caduco. En el siglo XX los parlamentos ya no funcionan según la teoría del liberalismo clásico del siglo XIX como canales institucionales de la discusión racional, libre y abierta que debía caracterizar al régimen parlamentario. En lugar de esto, merced a la extensión del sufragio y a la aparición de los partidos políticos de masas, tiene lugar la suplantación del Parlamento por los partidos y por sus dirigentes. Los arreglos secretos a puerta cerrada entre los comités directivos de los partidos y fuera del Parlamento, lo convierten de cámara de discusión en cámara de manifestación de acuerdos adoptados previamente entre los partidos.
Por democracia entiende Schmitt en cambio, siguiendo en esto de cerca a Rousseau, la identidad entre gobernantes y gobernados. La dictadura es antiliberal, pero no necesariamente antidemocrática. La democracia, en sí misma, no tiene contenido político definido. La democracia es un procedimiento, es una forma de organización. Tiene el valor de una mera forma. La democracia es algo instrumental para realizar determinadas políticas de las más variadas especies. Como bien dice Schmitt, una democracia puede ser militarista o pacifista, absolutista o liberal, centralista o descentralizada, progresista o reaccionaria y todo ello sin dejar de ser al mismo tiempo democracia.
Para los demócratas radicales, nosotros diríamos, fundamentalistas democráticos, la democracia tiene un valor absoluto en sí misma sin considerar los contenidos políticos que haya en ella. Para el demócrata radical la democracia siempre es válida independientemente de las consecuencias o efectos que de ella se deriven.
Finalmente, para concluir con la exposición de los principales autores críticos de la democracia moderna, debemos mencionar y destacar aquí en la España actual a la figura filosófica de Gustavo Bueno como filósofo político crítico de la democracia.Es la crítica de Gustavo Bueno a la democracia una crítica filosófica muy profunda, prolija, extensa, compleja y exhaustiva, de tal modo que resulta muy difícil de resumir y exponer aquí en este reducido espacio con el que contamos. Por ello, vamos a intentar ser sintéticos y sumarios al exponer en unos cuantos artículos el contenido principal de la crítica de Bueno a la democracia.
1 ° No hay una cosa tal como la soberanía popular ni tampoco hay algo así como la voluntad general. Ello es porque ni hay un pueblo como sujeto titular de la soberanía ni tampoco hay algo tal como la soberanía nacional. Hay que rechazar la ideología democrática que afirma la idea de autodeterminación de la sociedad política. El autogobierno o autodeterminación de la sociedad política es utópico por imposible. La sociedad no se autodirige. El poder político es asimétrico. Unos mandan y otros obedecen. Como diría Julien Freund, la política es el dominio del hombre por el hombre. Una parte de la sociedad política dirige a las otras partes restantes de la sociedad política
2° La crítica a la democracia es la crítica de la ideología democrática. La democracia contemporánea ha segregado una ideología legitimadora de sí misma a la que podemos denominar ideología democrática fundamentalista. Esta ideología envuelve a la democracia, de tal manera que funciona como una suerte de cinturón protector contra las refutaciones o falsaciones de la democracia y ello por una suerte de decisión metodológica adoptada por los ideólogos demócratas o por los profesores de ciencia política demócratas.
3° La democracia sólo es verdadera cuando brota del interior mismo de la sociedad política y deriva del mercado capitalista. Si no existe el mercado, no existe la democracia. La esencia de la democracia es la libertad entendida como libertad de elección entre los bienes de un mercado pletórico capitalista libre con propiedad privada.
4° El fundamentalismo democrático es básicamente lo que se entiende por teoría de la democracia. Tal teoría consta de tres elementos: A) La teoría de los tres poderes, B) La idea de la soberanía popular y C) la teoría del Estado de derecho.
En primer lugar la teoría de los tres poderes es una teoría metafísica y confusa y no es científica. La doctrina del Estado de derecho implica tanto una politización de la justicia como una judicialización de la política y la idea de la soberanía popular es un mito confusionario.
5° La democracia se caracteriza por las elecciones periódicas y recurrentes. Esta recurrencia es la que produce la eutaxia política democrática. En los Estados democráticos, hay elecciones. En los Estados no democráticos no hay elecciones.
6º El pueblo no manda ni gobierna ni controla nada. El pueblo carece de elementos de juicio suficientes y, por tanto, de capacidad de controlar políticamente a nadie. El pueblo no puede autodeterminarse. Todas las instituciones políticas democráticas dependen del azar, de la estadística electoral.
7º Los resultados electorales no significan un criterio objetivo acerca de la gestión del Gobierno. El pueblo se puede equivocar. La idea de que el pueblo tiene razón, es una ficción útil para pensar la democracia desde la ideología democrática.
8º La democracia ateniense no era una democracia. La democracia sólo puede existir con el capitalismo, con el mercado libre. La esencia de la democracia es la libertad objetiva entendida como libertad de elección entre diversas alternativas políticas o entre diversas mercancías en el mercado.
9° El mercado, la televisión y la democracia son isomorfos entre sí. Es la democracia de audiencia la democracia actual, como dice Bernard Manin. El fundamento de la democracia está en la constitución de una sociedad capitalista en la que exista la libertad de elección de los múltiples individuos consumidores ante una multiplicidad de bienes ofrecidos en el mercado.
10° La democracia implica tolerancia y un relativismo axiológico.
11º La democracia está poblada de contradicciones. Una de las contradicciones de las democracias es la que existe a propósito de la pena de muerte. Hay una contradicción a este respecto entre los partidarios de la pena de muerte y los abolicionistas.
12° Además, en las democracias contemporáneas tiene lugar una progresiva ecualización entre la izquierda y la derecha. Se trata de la difuminación de los límites entre los partidos políticos conservadores y progresistas.
Estas críticas a la democracia representativa ayudan notablemente a tener un concepto más ajustado de la democracia realmente existente así como a combatir la plaga ideológica actual que denominamos fundamentalismo democrático.
Felipe GIMÉNEZ PÉREZ

sábado, 2 de mayo de 2009

Libro del mes de mayo (2009). Las conexiones políticas.

El autor de este libro es Roberto L. Blanco Valdés, catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Santiago de Compostela.
Este libro, editado en 2001, trata de aclarar el déficit democrático de los partidos políticos y su incidencia en el sistema de la democracia actual.
Veamos un texto sacado del capítulo 1º titulado LEY DE HIERRO, PARTIDOS DE HOJALATA.

"Para Offe, las formas de participación política de la sociedad civil canalizadas a través de los tradicionales sistemas de partidos habrían «agotado mucha de su eficacia para reconciliar el capitalismo con la política de masas», lo que haría «plausible que el declive del sistema de partidos dé paso a que surjan prácticas menos encorsetadas y reguladas de participación y conflicto político, de las que podría resultar el potencial con el que desafiar eficazmente y superar los supuestos institucionales de la forma capitalista de organización social y económica. Tales prácticas menos encorsetadas estarían representadas, según Offe, por los denominados nuevos movimientos sociales (feminismo, ecologismo, pacifismo, movimientos juveniles, etc.), formas de organización que habrían de permitir, a su juicio, la recuperación de las identidades colectivas que la consolidación de los partidos que Otro Kirchheimer llamara catch-all parties, "partidos atrapalotodo" había contribuido decisivamente a disolver.
Frente a esas previsiones, y por más que sea indiscutible la importancia creciente de ciertos movimientos sociales y de ciertos grupos de acción ciudadana en el desarrollo de la vida política, no parece que vaya a suceder.

En tal sentido, el politólogo Ludolfo Paramio ha desarrollado rigurosa y convincentemente la hipótesis de que los nuevos movimientos sociales son una variante de los grupos de interés, cuyo auge durante los años setenta debe ser puesto en relación con la crisis de un sistema político dual, basado, de un lado, en la democracia de partidos y, de otro, en un pacto corporativo entre los grupos de interés dominantes hasta entonces: los sindicatos y la patronal. Así las cosas, «los movimientos sociales no pueden verse como una superación del sistema de partidos, en el sentido en que algunos autores lo han venido interpretando. En una palabra, y por decirlo con las de quien es hoy una autoridad en toda Europa, K1aus von Beyme, resulta demasiado pronto para proclamar el "fin de los partidos".
La experiencia histórica del ecologismo sueco o alemán, que, como un Guadiana, desaparece y reaparece, sin que en todo caso su presencia llegue a suponer un cambio cualitativo y de irreversibles consecuencias para las organizaciones políticas históricas, constituye la mejor prueba de lo que acabo de apuntar. También contribuye a apoyar esta impresión el hecho, no menos notorio, de que en el único caso en el que las fuerzas antipartidistas parece haber sido capaces de desplazar de forma definitiva a las fuerzas tradicionales conformadoras del sistema de partidos, en el de Italia, los partidarios del derrumbe no hayan sido en caso alguno organizaciones encuadrables dentro del conjunto de los nuevos movimientos sociales. Como certeramente subrayaba Salvatore Lupo para Italia, según pudimos ver páginas anteriores, lo que define a las ligas al contrario de lo que caracteriza a los movimientos sociales nacidos en la década de los setenta, es precisamente el que todos esos movimientos, lejos de pretender su reconstrucción, dan por descontado el fin de las identidades colectivas. No parece, en suma, que éste vaya a acabar por ser el camino para superar la crisis partidista.

Una de la reformas que se postulan para salvar esa crisis partidista es abrir las candidaturas y ensanchar los vínculos de unión, control y dependencia entre partidos y electores, por medio de reformas tendentes, bien a abrir las listas, donde son cerradas, bien a superar el propio sistema de listas, mediante la introducción de sistemas de tipo mayoritario que funcionen con distritos electorales uninominales. Se trataría, en una palabra de aumentar las posibilidades de elegir del cuerpo electoral.
No creo que sea tampoco en el ámbito de la ingeniería electoral en donde debamos de centramos para hacer frente a los problemas que tenemos planteados. A continuación intentaré justificar por qué.
Para mí, ha acabado por tener razón Kirchheimer con su formulación, no menos conocida, de la progresiva generalización en las modernas sociedades industriales del modelo del partido atrapalotodo. Según Kirchheimer, tras la Segunda Guerra mundial los antiguos partidos de masas de base clasista o confesional quedaron sometidos a una presión que los puso en vías de convertirse en partido "de todo el mundo", partidos estos cuyas características definidoras serían las siguientes: a) una desradicalización de los componentes ideológicos del partido; b) un fortalecimiento progresivo de sus dirigentes, cuya labor se juzgará más en función de su contribución a la solución de los problemas generales que de su lealtad a los fines del partido; c) un correlativo debilitamiento del papel de los miembros del partido; d) una ampliación de su base electoral, que permitiría pasar de un partido de base «confesional» o «clasista a uno que que pretende con su propaganda electoral abarcar a todo el mundo; y e) finalmente, una búsqueda consciente por establecer lazos estables con los grupos de interés.
Panebianco cita las dos características de los cambios producidos en las sociedades europeas que conllevan el cambio de modelo de partidos:
-el proceso de homogeneización a nivel económico, social y cultural que se ha venido produciendo en las sociedades de Occidente desde después de la Segunda Guerra Mundial.
- la profunda remodelación producida en el ámbito de la información y la comunicación en general, bajo el efecto de los mass media y muy especialmente el espectacular impacto de la televisión.
En el nuevo partido -escribe Panebianco- los "expertos", los técnicos que dominan una serie de conocimentos especializados son los que desempeñan un papel cada vez más importante y que son tanto más útiles cuando más se desplaza el centro de gravedad de la organización de los afiliados a los electores.
Aunque las consecuencias de la aparición de este nuevo modelo de partido profesional-electoral son muy notables desde el punto de vista de la dinámica o, según veremos en el próximo capítulo, desde la perspectiva de los medios de financiación de los partidos, lo único que ahora me interesa destacar es el hecho de que ni los cambios descritos en su día (1972) por Kirchheimer ni los delineados después (1982) por Panebianco favorecieron un proceso de democratización de las organizaciones partidistas. Por el contrario se tradujeron en términos generales, en un reforzamiento de las tendencias a la oligarquización que ya fueran denunciadas por Michels u Ostrogorski .

Pero al igual que antes señalé al referirme a las propuestas de modificación del sistema electoral (introducción de listas abiertas o de distritos uninominales ), tampoco en este ámbito existen, a mi juicio, demasiadas razones para el optimismo Ciertamente, las experiencias europeas comparadas tan bien estudiadas en obras exhaustivas como las de Cárdenas, Pinelli o Katzy y Mair han venido a demostrar que, incluso en aquellos casos en que el legislador ha optado por establecer normas disciplinadoras del funcionamiento interno de las organizaciones partidistas, tales normas ha obtenido un escaso nivel de cumplimiento.
Veamos el caso español:
Pese a la disposición de que la estructura interna y el funcionamiento de los partidos deberán ser democráticos, contenida en el artículo 6º de nuestra Constitución, pese a las previsiones, ciertamente muy laxas, en tal sentido establecidas en la Ley de Partidos de 4 de Diciembre 1978; y pese, finalmente, a que se han ido produciendo algunos pronunciamientos judiciales que han anulado actos internos de órganos dirigentes de organizaciones partidistas por suponer tales actos una vulneración de alguno de los derechos fundamentales consagrados en la Constitución, lo cierto es que, también en España y al igual que ha venido ocurriendo en Alemania y en los restantes países europeos, los partidos han funcionado en general de forma escasamente democrática sin que un posible y eventual control judicial de la vida interna partidista haya podido evitarlo.

viernes, 17 de abril de 2009

Del arte contemporáneo y otras catástrofes. Pablo Molina.


Vamos a divertirnos con este artículo de Pablo Molina sobre cierto arte vanguardista. El artículo está recogido de su libro "La dictadura progre."


Hace algún tiempo vi en el periódico la fotografía de una exposición de arte contemporáneo. En una esquina de la imagen aparecía un joven contemplando, aparentemente con sumo interés, un cuadro que no era más que un lienzo completamente en blanco. De inmediato me asaltó la duda acerca de quién poseía una inteligencia más portentosa, si el artista o el espectador", La pregunta es pertinente porque nos aproxima a una de las cuestiones más interesantes de la actualidad: la impostura del arte vanguardista.

En una exposición de arte contemporáneo celebrada por la Tate Galery londinense en 2004, una limpiadora arrojó a los contenedores una bolsa de basura. El hecho no tendría nada de particular si no fuera porque la dichosa bolsa de basura, era en realidad una extraordinaria obra de arte realizada por Gustav Metzger, titulada "Nueva creación de -la primera presentación pública de un arte autodestructivo", con un par. La composición estaba formada por una mesa llena de desperdicios y la puñetera bolsa de basura llena de cartones y papeles rotos; lo que se dice todo un espectáculo para los sentidos. Enterado de la catástrofe, Metzger corrió a revisar su obra tras ser recuperada de los contenedores, supongo que gravemente contaminada con las fragancias aromáticas del resto de obras de arte que suelen depositarse en esos recipientes


Unos años antes, el artista contemporáneo Damien Hirst sufrió un ultraje parecido, cuando también otra señora de la limpieza acabó con una de sus magistrales composiciones: un cenicero lleno de colillas, botellas y paquetes de tabaco vacíos. La buena mujer, sin duda una analfabeta estructural en materia de arte posmoderno, creyó que el cenicero lleno de colillas, botellas y paquetes de tabaco vacíos, era un cenicero lleno de colillas, botellas y paquetes de tabaco vacíos, por lo que recogió todo cuidadosamente y lo arrojó al contenedor con el resto de porquería. Es lo que pasa cuando no se da al personal de servicio indicaciones claras sobre su cometido: Mire señora, aquello es mierda, esto una obra de arte, no se confunda.

Pero ya que hablamos en términos escatológicos, rindamos el debido homenaje al gran Marini y sus latas de caca. El artista Marini, consciente de la excelencia artística que se exige a los creadores contemporáneos, tuvo la simpática ocurrencia de enlatar sus propias heces y decorar las latitas con primor. De esta forma «creó» una serie limitada y numerada de esas latas, que llegaron a alcanzar una alta cotización en los mercados de arte, como corresponde a la brillantez de una obra de este calibre. La Tate Gallery llegó a pagar más de treinta mil euros por una de esas latas y cuando recibieron algunas críticas por el dispendio, sus dirigentes tuvieron la humorada de justificar la adquisición con toda clase de ditirambos hacia el autor y a su novedosa forma de trabajar con esa difícil materia. En realidad, lo que hizo el artista Marini fue desentrañar las claves de las vanguardias y extraer una conclusión evidente: Si el arte contemporáneo es una mierda, el aserto contrario habría de ser también forzosamente cierto. Y lo fue, vaya si lo fue.
Mas los afortunados poseedores de las latas del artista Marini no contaron con que los procesos químicos propios de la naturaleza fecal siguen operando aún en ambientes de alto nivel artístico-cultural, sobre todo si estos son herméticamente cerrados. Como ya habrán adivinado, poco a poco las latas de mierda del artista Marini comenzaron a explotar debido a la combustión orgánica producida en su interior, en un festival pirotécnico-aromático de lo más sugestivo. Una de las latitas del Centro Pompidou, por ejemplo, estalló en medio de una exposición, llenando de estupor y algún que otro residuo a los responsables del afamado centro. La cadena explosiva de Maríni amenazaba convertirse en un big-bang creativo de consecuencias impredecibles, por lo que el resto de museos que habían comprado una de estas obras de arte, se aprestaron a cubrirlas con urnas de metacrilato. Las fuerzas de la naturaleza demostraron de esta forma su dimensión eminentemente reaccionaria.

Hace unos pocos años estuvo muy de moda en los cenáculos vanguardistas Chris Ofili, alumno aventajadísimo del Royal College of Art, famoso por realizar sus obras de arte con caca de elefante. Al parecer, las deyecciones de paquidermo ofrecen una densidad y textura muy superiores a las de los animales domésticos, lo que las convierte en el material más adecuado para que el joven Chris de rienda suelta a su luminosa creatividad. Ofili ya venía apuntando maneras de genio cuando ofreció al mundo un cuadro de la Virgen María rodeado de imágenes pornográficas, titulado simplemente (menos mal) «Santa Virgen María». Tras esta demostración de genialidad vanguardista, los entendidos en arte contemporáneo esperaban lo mejor de esta joven promesa. No les defraudó. Montoncitos y más montoncitos de caca de elefante solidificada en múltiples formas, tamaños y colores fue el obsequio con que Chris Ofili premió a sus seguidores, cumpliendo de paso con todas las expectativas que sus inicios artísticos permitían aventurar.

En nuestros pagos también tenemos abundantes ejemplos de artistas contemporáneos en la más alta acepción del término. En 2003 hubo cierta polémica por la obra emblemática del pabellón español en la bienal de Venecia. El autor escogido para mostrar al mundo el nivel de la creatividad española fue Santiago Sierra, que se hizo un nombre en el mundillo con experiencias artísticas de indudable calado, como pagar veinte dólares a diez personas a cambio de que se masturbaran frente a una cámara para grabarlas en vídeo. El pabellón español de aquella bienal, fue convertido por el torrente creativo del artista Sierra en una muestra de la grandeza de nuestro arte actual. La obra consistió, agárrense, en tabicar con ladrillo la entrada del pabellón y dejar en su interior los restos de materiales con que se había construido la tapia. Según la comisaría de la exposición:
«la obra, sin nombre propio, tiene tres intenciones o planteamientos: 'Muro cerrado', 'Palabra tapada' y 'Mujer con capirote'. En la primera 'intención', Sierra construye muros que muestran que las fronteras no se han abolido sino que se han consolidado. En su interior, sólo quedan los restos del trabajo de construcción del muro, el desorden y el abandono. En la segunda, se tapa la palabra España con plástico negro, acción que provocará reacciones sentimentales, lecturas ideológicas y evaluaciones estéticas. Por último, el pasado 10 de mayo, Sierra encerró a una mujer, tocada con un capirote, en el interior del controvertido pabellón. Pretendía mostrar la humillación de la disciplina». Personalmente me quito el sombrero ante la capacidad de los artistas contemporáneos y sus exégetas para extraer tan ricos significados de una simple pared de ladrillo y unos cascotes.
Lo primero que llama la atención de nuestras vanguardias artísticas es que hayan elevado el adjetivo «contemporáneo» a la categoría de sustantivo. En realidad, toda expresión artística es contemporánea de su época, sin que esa circunstancia le haya de otorgar necesariamente un valor especial. Los cuadros de Velázquez eran arte contemporáneo en el momento en que el maestro sevillano los pintó, igual que las chorradas que afean nuestras ciudades lo son de nuestra época. Lo que distingue en términos cualitativos uno de otro caso, a mi juicio, es la inteligibilidad de la obra. Para extasiarse ante una pintura barroca y comprender lo que el artista pretendió reflejar en ella no hace falta el asesoramiento de un equipo de críticos; basta con mirarla y dejarse arrastrar por su belleza. En cambio, cuando uno contempla en un museo de arte contemporáneo un cuadro titulado «cuadrado blanco sobre lienzo blanco», necesita el auxilio espiritual de una brigada de críticos vanguardistas para persuadirse de que no está haciendo el gilipuertas.
El arte contemporáneo sustituye el lenguaje inteligible de la representación figurativa por un código abstracto cuyas claves sólo conoce el autor. Mas cuando se codifica una expresión artística hasta hacerla inaccesible al público, resulta imprescindible añadir grandes dosis de convicción para hacerla pasar como una obra meritoria. De eso se encargan los tratantes de arte y los críticos, que, huérfanos de cualquier canon sistemático que explique estos desaguisados de forma convincente, han acabado recurriendo al típico argumento de autoridad: Esto es una obra de arte porque lo decimos nosotros, que sabemos de esto. Desde esa perspectiva, la falta de comprensión y el rechazo del público en general hacia el arte vanguardista, sería tan sólo un síntoma de la ignorancia del populacho, que le incapacitaría para degustar adecuadamente el inspirado néctar ofrecido por los artistas contemporáneos. Pero esta cadena lógica encierra cierto peligro si la llevamos hasta el final, pues cuando alguna exposición de arte moderno alcanza gran éxito de público (algún caso se ha dado), siguiendo ese razonamiento estaríamos ante una manifestación artística que es alabada por una multitud de necios. El arte contemporáneo se enfrenta por tanto a la fatal paradoja de que cuanta mayor sea su aceptación, más ramplona ha de ser por fuerza su calidad.
El llamado arte contemporáneo, en su acepción canónica, no es un elemento rompedor con la cultura vigente, sino la expresión más ortodoxa del necio esnobismo posmoderno. No es un grito liberador que hace avanzar a una determinada corriente cultural rompiendo los esquemas sociales, sino el bálsamo morcillera en el que reposa la manifiesta inanidad de nuestro tiempo. En una época en la que el relativismo ético y lo políticamente correcto imponen sus dogmas, no es extraño que cualquier colección de chafarrinones a modo de broma escasa de ingenio pase a ser considerada el pináculo artístico del momento. Y es que el arte contemporáneo, a diferencia del tradicional, no busca satisfacer la necesidad del ser humano de experimentar el placer que le proporciona la observación de la belleza, sino provocar en el espectador atónico una serie de emociones, cuanto más tortuosas mejor, hasta sumido en la perplejidad de no saber nunca si se enfrenta a una obra magistral o simplemente le están tomando el pelo.
En noviembre de 2002, el entonces Ministro de Cultura del Gobierno de Su Graciosa Majestad, Kim Howells, salió espantado de la entrega de los premios Turner, uno de los certámenes más afamados del mundo, celebrado en la London's Tate Britain gallery, exclamando que todo lo que había visto no era más que «una gilipollez conceptual». A continuación añadió que si eso que había visto allí dentro era todo lo que los artistas británicos podían producir, entonces el arte británico estaba irremediablemente perdido. No duró en el cargo, claro. Al contrario que nuestra inmarcesible Carmen Calvo Poyatos, Ministra de Cultura del Reino de España, que en una de sus pocas declaraciones huérfanas de atentados a la sintaxis castellana, apostó por:
«transformar los gustos de los ciudadanos, para que el arte actual forme parte de los hábitos de los españoles». Probablemente nuestra ministra no haya oído hablar jamás de Theodor Adorno, pero él fue quien diseñó el programa contracultural en el terreno artístico, mediante la imposición de las vanguardias y el desprecio a lo tradicional. El arte contemporáneo, desde la mentalidad progresista, es evidentemente una herramienta ideológica y poco más.
De este clima de estupidez ecuménica en materia de arte se aprovecha una legión de aprovechados, auto elevados a la categoría de mentores artísticos, que nos venden a precios exorbitantes sus mamarrachadas simplemente por nuestro terror a quedar como unos ignorantes. Las vanguardias, de esta forma, han acabado provocando el mayor de los aburrimientos y una sensación cósmica de gilipollez compartida, además de ser el mejor vehículo para disimular una atroz falta de talento. Joaquín Sabina lo explicó muy bien cuando publicó un libro de sonetos. Según el cantautor, está muy bien hacer experimentos literarios con poesía libre y versos crípticos, pero siempre y cuando el artista haya demostrado previamente su destreza bregando con la severidad del soneto.
El famoso urinario de Duchamp, creado a comienzos del siglo pasado, es considerado el inicio de la revolución vanguardista que ahora padecemos. Yeso que el propio Duchamp se reconocía estupefacto ante la ingenuidad de los críticos, extasiados ante lo que no era más que un mísero mingitorio.

sábado, 4 de abril de 2009

Libro del mes (abril 2009). La Constitución española de 1978 y otras leyes.

Recomiendo este libro, porque es muy importante para los alumnos de 1º de Bachillerato si desean comprender los temas del cuarto trimestre. Además, de cara a su inserción ciudadana, es indispensable para entender la vida política de España.
Asimismo, citaremos algunas leyes políticas importantes.

La constitución española, tras un preámbulo, se estructura en 10 títulos. Veremos algunos artículos de cada uno de esos títulos.

Título I. De los derechos y deberes fundamentales.

Art. 1º. 1. España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político.
2. La soberanía nacional, reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado.
3. La forma política del estado español es la Monarquía parlamentaria.

Artículo2. La Constitución se fundamenta en la, indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas.

Artículo 6. Los partidos políticos expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política. Su creación y el ejercicio de su actividad son libres dentro del respeto a la Constitución y a la ley. Su estructura interna y funcionamiento deberán ser democráticos.

Artículo 10. La dignidad de la persona, los derechos inviolables que le son inherentes, el libre desarrollo de la personalidad, el respeto a la ley y a los derechos de los demás son fundamento del orden político y de la paz social.

Artículo 15. Todos tienen derecho a la vida y a la integridad física y moral, sin que, en ningún caso, puedan ser sometidos a tortura ni a penas o tratos inhumanos o degradantes. Queda abolida la pena de muerte, salvo lo que puedan disponer las leyes penales militares para tiempos de guerra.

Artículo 20. Se reconocen y protegen los derechos:
a) A expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción.


Artículo 23. Los ciudadanos tienen el derecho a participar en los asuntos públicos, directamente o por medio de representantes libremente elegidos en elecciones periódicas por sufragio universal.



Artículo 27. Todos tienen derecho a la educación. Se reconoce la libertad de enseñanza.

3. Los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones.


Título II. De la Corona.

Artículo 56. 1. El Rey es el jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia, arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones, asume la más alta representación del Estado español en las relaciones internacionales, especialmente con las naciones de su comunidad histórica, y ejerce las funciones que le atribuyen expresamente la Constitución y las leyes.

3. La persona del rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad. Sus actos estarán siempre refrendados en la forma establecida en el artículo 64, careciendo de validez sin dicho refrendo, salvo lo dispuesto en el artículo 65.2.

Artículo 64.1. Los actos del Rey serán refrendados por el Presidente del Gobierno y, en su caso, por los Ministros competentes. La propuesta y el nombramiento del Presidente del Gobierno y la disolución prevista en el artículo 99, serán refrendados por el Presidente del congreso.

2. De los actos del rey serán responsables las personas que los refrenden.

Artículo 65.2. El rey nombra y releva libremente a los miembros civiles y militares de su Casa.



Título III. De las Cortes Generales.

Artículo 66. 1. La Cortes Generales representan al pueblo español y están formadas por el Congreso de los Diputados y el Senado.

2. Las Cortes Generales ejercen la potestad legislativa del Estado, aprueba sus presupuestos, controlan la acción del Gobierno y tienen las demás competencias que les atribuya la Constitución.

Artículo 68.1. El Congreso se compone de un mínimo de 300 y un máximo de 400 Diputados, elegidos por sufragio universal libre, igual, secreto y directo, en los términos que establezca la ley.

4. El Congreso es elegido por cuatro años.





Artículo 69. 1. El Senado es la Cámara de representación territorial

2. En cada provincia se elegirán cuatro senadores por sufragio universal, libre, igual, directo y secreto por los votantes de cada una de ellas, en los términos que señale una ley orgánica.

Artículo 71.2. Durante el período de su mandato los Diputados y Senadores gozarán asimismo de inmunidad y sólo podrán ser detenidos en caso de flagrante delito. No podrán ser inculpados ni procesados sin la previa autorización de la Cámara respectiva.



Título IV. Del Gobierno y de la Administración.

Artículo 97. El Gobierno dirige la política interior y exterior, la Administración civil y militar y la defensa del estado. Ejerce la función ejecutiva y la potestad reglamentaria de acuerdo con la Constitución y las leyes.

Artículo 98.1. El Gobierno se compone del Presidente, de los Vicepresidentes en su caso, de los Ministros y de los demás miembros que establezca la ley.


Título V. De las relaciones entre el Gobierno y las Cortes Generales.

Artículo 108. El Gobierno responde solidariamente en su gestión política ante el Congreso de los Diputados.


Título VI. Del poder Judicial.

Artículo 117. 1. La justicia emana del pueblo y se administra, en nombre del Rey, por Jueces y Magistrados integrantes del poder judicial, independientes, inamovibles, responsables y sometidos únicamente al imperio de la ley.

LEY ORGÁNICA DEL PODER JUDICIAL

Artículo 112.1. Los Vocales del Consejo General del Poder Judicial serán propuestos por el Congreso de los Diputados y el Senado.

2. Cada Cámara elegirá, por mayoría de tres quintos de sus miembros, cuatro Vocales entre abogados y Juristas de reconocida competencia con más de quince años en el ejercicio de su profesión…

3. Además, cada una de las Cámaras propondrá, igualmente por mayoría de tres quintos de sus miembros, otros seis Vocales elegidos entre Jueces y Magistrados de todas las categorías judiciales que se hallen en servicio activo.




Título VII. Economía y Hacienda.

Artículo 128. 1. Toda la riqueza del país, en sus distintas formas, y sea cual sea su titularidad está subordinada al interés general.

Artículo 133.1. La potestad originaria para establecer tributos corresponde exclusivamente al Estado, mediante ley.

2. Las Comunidades Autónomas y las Corporaciones locales podrán establecer y exigir tributos, de acuerdo con la Constitución y las leyes.


Título VIII. De la Organización Territorial del Estado

Artículo 137.EL Estado se organiza territorialmente en municipios, en provincias, y en las Comunidades Autónomas que se constituyan. Todas estas entidades gozan de autonomía para la gestión de sus respectivos intereses.

Artículo 138.1. El Estado garantiza la relación efectiva del principio de solidaridad consagrado en el artículo 2 de la Constitución, velando por el establecimiento de un equilibrio económico adecuado y justo entre las diversas partes del territorio español, y atendiendo en particular a las circunstancias del hecho insular.


Artículo 155.1. Si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al Presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquella al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general.


Título IX. Del Tribunal Constitucional.

Artículo 159.1 El Tribunal Constitucional se compone de doce miembros nombrados por el Rey; de ellos, cuatro a propuesta del Congreso por mayoría de tres quintos de sus miembros; cuatro a propuesta del Senado, con idéntica mayoría; dos a propuesta del gobierno y dos, a propuesta del Consejo General del Poder Judicial.

Artículo 160. El Presidente del Tribunal Constitucional será nombrado entre sus miembros por el Rey, a propuesta del mismo Tribunal en Pleno y por un período de tres años.


Título X. De la reforma Constitucional.





Ley Orgánica 5/1985, de 19 de Junio, del Régimen Electoral General.

En ella se recogen las disposiciones que regulan el sufragio universal y todo el procedimiento electoral.


Ley Orgánica 2/1980, de 18 de enero, sobre regulación de las distintas modalidades de referéndum.

En ella se regulan las disposiciones acerca de las votaciones, escrutinio, recursos, etc, sobre el referéndum.


Ley Orgánica 3/1987, de 2 de julio, sobre Financiación de los partidos políticos.

En ella se regulan las normas acerca de la financiación, sus fuentes, sus obligaciones y controles.

miércoles, 1 de abril de 2009

AGENDA PADRES. Curso 2013/14. 3ª Evaluación.

Parámetros del tercer trimestre (Abril; Mayo; Junio).

Los temas de esta evaluación son: 11;12;13;14;15.La calificación es la misma durante todas las evaluaciones: 1,5 puntos de clase (incluyendo 1,5 puntos del cuaderno de notas); 4,5 puntos del examen; 2 puntos por el trabajo del 22º comentario de filosofía( 1º.- Escribe la tesis que defiende el comentario. 2º.- Explica las ideas del texto que desarrollan la tesis) y 2 puntos por la película "1984". ( Describe tres o cuatro escenas que representen respectivamente las tres o cuatro notas características del totalitarismo político) La nota de clase ya se especificó en las anteriores evaluaciones.
Estos trabajos se entregarán una semana antes del examen escrito.
El examen de la tercera evaluación se realizará el jueves, 5 de junio en 1º A y el viernes, 6 de junio en 1º B. El examen de la tercera evaluación, con las contestaciones correctas, se colgará en el blog en la semana posterior a la celebración del mismo.

viernes, 27 de marzo de 2009

Diccionario III

Acción moral: Es la acción ejecutada libremente de acuerdo con ciertas normas morales que rigen la conducta, acción encaminada a la realización del bien o del mal y su consiguiente apropiación.

Acción instrumental: Es una acción que toma en consideración reglas técnicas de acción cuya eficacia se evalúa por el resultado beneficioso.

Acción estratégica: Es una acción que toma en consideración reglas de elección racional cuya eficacia es evaluada con vistas a influir en las decisiones de los demás.

Acción comunicativa: Es una acción que persigue la consecución de un acuerdo en una comunidad intersubjetiva.

Libertad: Dimensión humana que permite al hombre hacerse y hacerse responsable de su propia vida. La libertad humana no es una especie de indeferencia hacia lo bueno o lo malo, una suerte de apatía abúlica, sino una tendencia al bien formalmente aprehendido y querido como bien. En este sentido, la libertad crece, a medida que se va asentando en el bien( a través de las virtudes), y decrece, en la medida que el hombre es absorbido por sus tendencias inferiores, por sus instintos.
Educar en libertad es ayudar a una persona a ser libre, la formación y crecimiento personal se consigue adquiriendo los hábitos buenos.
Educar en la falsa libertad (libertad ciega) conduce a suprimir la libertad y a convertir al hombre en una marioneta agitada por las influencias exteriores: propaganda, publicidad, corrientes de opinión……

Voluntad: Desde el punto de vista moral, es la disposición a elegir el bien o a obrar conforme a la ley moral. Cuando una persona ha adquirido esta disposición decimos que tiene una buena voluntad.

Norma moral: Principio o criterio que se acepta o se establece como fundamento que rige o regula la acción moral, y que permite evaluar una acción como buena o mala moralmente.

Deber: Categoría humana que expresa la obligatoriedad de hacer o no hacer una determinada acción en virtud de una obligación interna; esta categoría nos abre al mundo específicamente humano: el deber ser.

Ley moral: Conjunto de imperativos, normas y preceptos que constituyen un código moral. Esencialmente, la forma que adopta la ley moral es la de un imperativo. Su diferencia con la ley positiva es la obligatoriedad y cumplimiento, pues en el caso de una ley positiva, si no se cumple el Estado o los poderes públicos ejercen una coacción para cumplirla; en el caso de la ley moral, su obligatoriedad no se deriva de algo externo sino en su propia conciencia que le dicta inexorablemente su deber.

Ley natural: Es un conjunto de reglas innatas que los seres humanos reconocen de una manera intuitiva; es decir, sin necesidad de un razonamiento específico, puesto que son evidentes en sí mismas como derechos irrenunciables de la condición humana: el respeto a la vida, libertad de conciencia y pensamiento, lealtad y cariño a los padres, el respeto a toda persona, no robar, no hacer daño a nadie……….


Ética materialista o teleológica: Es la ética que tiene contenido. Equivale a la moral como contenido y, por ello, es una ética teleológica, porque apunta a un fin. Si a Aristóteles le preguntamos qué deseo y que busco moralmente como fin último, contestará que la felicidad; la felicidad es el contenido de la ética prudencial. Si a Epicuro le preguntamos por el fin moral último, contestará que el placer. Es otra moral con contenido, es una ética materialista.

Ética formal o deontológica: Es una ética que no tiene contenido. Equivale a la moral como estructura y, por ello, es una ética deontológica, porque no persigue la consecución de un fin, sino el deber por el deber. Si a Kan le preguntamos cómo nos debemos comportar, nos dirá que lo hagamos como cualquiera lo haría en nuestro lugar, pero no nos da skip to main skip to sidebar
Multiculturalismo: Se llama multiculturalismo a las demandas del respeto igualitario que proviene de culturas efectivamente desarrolladas dentro de un mismo marco institucional. Puede esconder una postura hipócrita de mantenimiento del estado del bienestar a costa de la pobreza de otras culturas. Algo parecido al banquete de Malthus.
Estado de naturaleza: No significa un estado natural en que se haya encontrado el ser humano, sino un concepto, una categoría sociopolítica utilizada para hacer inteligible el origen de la sociedad y su sentido o finalidad. Es decir, el estado de naturaleza es una situación ficticia del hombre que no ha accedido a una organización social.

Estado: Según Max Weber, es la relación de dominación del hombre sobre el hombre fundada por medio de la violencia legítima. Se dice de la sociedad organizada, que cuenta con instituciones y órganos políticos, administrativos, jurídicos, etc, y un gobierno.

Soberanía: Significa el origen del poder político. En el estado democrático, la soberanía la tiene el pueblo. Quiere decir, en sentido más amplio, que el poder del Estado es único y supremo dentro de su territorio y es, además, independiente en sus relaciones internacionales.

Legalidad: Conformidad con las normas jurídicas promulgadas que sirven de marco regulador de un determinado ámbito de la vida social y política.



Legitimidad: La justificación de un ordenamiento jurídico. Si ha sido instituido según principios acordados libre, racional e intersubjetivamente (legitimidad de origen) y se rige, a su vez. por criterios éticos de justicia (legitimidad de ejercicio).

Carisma: Etimológicamente, proviene del griego “charisma” que significa favor, gracia, un don excepcional que tienen algunos individuos.Políticamente, significa la fascinación y la confianza que un hombre inspira en las masas, gracias a este carisma puede ejercer, a veces, una autoridad carismática que se caracteriza por la entrega de las masas al “caudillo” en base a la confianza que tienen en él por sus cualidades.

Contrato social: Pacto ficticio pensado por algunos filósofos (Hobbes, Rousseau, Kant, Rawls) como el fundamento ideal para la organización de la vida social o de una sociedad política.